
En política hay momentos que definen a las organizaciones. Momentos en los que hay que elegir entre la comodidad de aceptar lo que hay o la responsabilidad de defender a la gente que te vota. Y en esta ocasión, Podemos ha elegido plantarse.
La decisión de Podemos de abstenerse ante las medidas aprobadas por el Gobierno por la guerra de Irán no es un gesto menor. Es un mensaje político claro: no se puede volver a hacer lo mismo de siempre, no se puede volver a rescatar a los de arriba mientras se abandona a la mayoría social a la inflación, a los precios disparados y a la pérdida de poder adquisitivo.
Las medidas del Gobierno vuelven a ser insuficientes. Mucho titular, mucha rueda de prensa, pero ninguna intervención real del mercado, ningún tope efectivo a los precios, ninguna medida valiente contra quienes se están enriqueciendo con la crisis. Otra vez se protege al capital y se deja sola a la clase trabajadora.
Y aquí es donde se ve la diferencia entre Podemos y Sumar.
Mientras unos se plantan y dicen “hasta aquí”, otros vuelven a hacer lo de siempre: ceder. Ceder antes las presiones del PSOE, ceder antes de la negociación, ceder antes incluso de dar la batalla.
Sumar ha asumido el papel de quien gestiona lo que hay, aunque lo que hay sea injusto. Podemos ha decidido asumir el papel de quien pelea para cambiarlo. Y esa es la diferencia entre estar en política para ocupar sillones o estar en política para cambiar la vida de la gente.
Porque la solución es conocida y no es ningún secreto:
- Topar los precios de la energía y los alimentos
- Intervenir los mercados cuando haya beneficios abusivos
- Proteger salarios y pensiones
- Hacer que la crisis la paguen quienes se están forrando, no quienes trabajan
La abstención de Podemos no es ponerse de perfil. Es decir alto y claro que así no, que con medidas cosméticas no se protege a la gente, que gobernar no es gestionar la resignación, sino tomar decisiones valientes.
En tiempos difíciles es cuando se ve quién está dispuesto a molestar a los poderosos y quién prefiere no incomodar a sus socios. Y en este momento, la diferencia ha quedado clara.
Podemos se ha plantado. Y plantarse, a veces, es la única forma de defender a la mayoría.
Foto de Dani Gago.



