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Más transparencia frente a las identificaciones discriminatorias: la propuesta de Podemos Móstoles para reforzar los derechos ciudadanos

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Podemos Móstoles llevará al próximo Pleno municipal una moción que busca implantar formularios de parada, identificación y registro en las actuaciones de la Policía Local, con el objetivo de garantizar una mayor transparencia, supervisión y respeto a los derechos fundamentales de la ciudadanía.

La propuesta nace en un contexto en el que distintas organizaciones de derechos humanos, organismos internacionales e incluso el Defensor del Pueblo han denunciado durante años la existencia de identificaciones policiales basadas en perfiles raciales. Una práctica que, además de poner en cuestión derechos básicos, genera desconfianza hacia las instituciones y contribuye a la estigmatización de personas migrantes, racializadas y pertenecientes a minorías étnicas.

La moción presentada por Podemos Móstoles plantea que cada identificación policial quede registrada mediante un formulario específico donde conste el motivo concreto de la actuación, el resultado de la intervención y otros datos relevantes que permitan detectar posibles patrones discriminatorios. Todo ello, según recoge la iniciativa, garantizando en todo momento la protección de datos personales y el respeto a los derechos de la ciudadanía.

Desde la formación defienden que esta medida no pretende cuestionar el trabajo de la Policía Local, sino dotar a los agentes de herramientas que permitan desarrollar sus funciones con mayores garantías jurídicas, criterios objetivos y mecanismos de supervisión democrática. En este sentido, la moción también incluye la puesta en marcha de formación específica para la Policía Local en materia de intervenciones no discriminatorias y derechos humanos.

Otro de los aspectos destacados de la propuesta es la recopilación y análisis anonimizado de los datos obtenidos en estas actuaciones. El objetivo sería detectar posibles prácticas discriminatorias estructurales y corregirlas mediante políticas públicas y protocolos transparentes. Además, Podemos plantea abrir canales permanentes de diálogo entre el Ayuntamiento, entidades sociales y colectivos afectados para reforzar la confianza institucional y mejorar la convivencia en la ciudad.

La portavoz de Podemos Móstoles, Mónica Monterreal Barrios, ha defendido que “la seguridad y los derechos humanos no son incompatibles; al contrario, deben ir siempre de la mano”, subrayando que “no podemos mirar hacia otro lado ante prácticas que pueden señalar injustamente a vecinos y vecinas por su apariencia o su origen”.

«no podemos mirar hacia otro lado ante prácticas que pueden señalar injustamente a vecinos y vecinas por su apariencia o su origen»

La iniciativa abre además un debate político y social sobre el modelo de seguridad que necesita Móstoles. Frente a discursos basados exclusivamente en el endurecimiento policial, la moción apuesta por una seguridad democrática, basada en la transparencia institucional, la prevención de abusos y la protección de los derechos fundamentales de toda la población.

En un momento donde las denuncias por discriminación racial continúan creciendo en distintos puntos del país, la propuesta de Podemos Móstoles busca situar en el centro una cuestión que afecta directamente a la convivencia y a la calidad democrática: garantizar que ninguna persona pueda ser señalada o identificada únicamente por su aspecto físico, su origen o el color de su piel.

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El Depor vuelve a primera.

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[[File:RiazorDepor.jpg|RiazorDepor]]

Hace una semana escribí sobre el ascenso de un histórico como el Racing de Santander a Primera División. Hoy, los amantes del fútbol estamos de enhorabuena: el Deportivo de La Coruña, otro club histórico, acompañará al Racing

Es imposible no alegrarse de ver al Depor de nuevo en Primera. Si echamos la vista atrás, nos emocionamos con aquel «Super Depor», de Arsenio Iglesias, con jugadores como Fran, Djukic, Donato, Mauro Silva, Bebeto y compañía, un equipazo. Aquel penalti fallado por Djukic, o la Copa del Rey que ganaron en el 95.

Lo de la temporada 1999-2000, consiguieron ganar la liga con el gran Javier Irureta en el banquillo y con un tal Roy Makaay o Djalminha en el terreno de juego. El Depor es uno de los pocos equipos que ha conseguido ganarle una liga al Madrid o al Barça

El Centenariazo, con este nombre fue conocida la Copa del Rey que se llevó el Depor en el año 2002, ganando en la final al Real Madrid en su propio estadio, el año en que el conjunto blanco celebraba sus primeros 100 años.

Y, como no, ese EuroDepor que maravilló a Europa con jugadores como Valerón, Naybet, Luque, Pandiani. Esa remontada ante el Milán de Carlo Ancelotti, un auténtico equipazo que barrió al Dépor en San Siro por 4 a 1, y que sirvió para ver uno de los mejores partidos de fútbol que uno puede ver. El Depor, en Riazor, consiguió remontar esa eliminatoria, ganando por 4 a 0.

8 años después de descender a segunda división, el Depor por fin está de vuelta. El mundo del fútbol aplaude, su afición llora de alegría. ¡Enhorabuena!

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LOS DOS AÑOS ÚLTIMOS DEL GOBIERNO DE ZAPATERO VISTOS DESDE LA PROTESTA: ¿NOS ACORDAMOS?

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PROTESTA

PSOE

Hubo un tiempo, no tan lejano, en que las calles de Madrid fueron escribiendo, con grito y pancarta, el final político del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. No fue un derrumbe repentino, ni una simple alternancia electoral. Fue un proceso de desgaste social, moral y político que puede reconstruirse con bastante precisión si se mira desde la protesta. Entre 2010 y 2011, la calle fue diciendo lo que después las urnas confirmaron: una parte importante de la sociedad había dejado de confiar en aquel Gobierno.

El año 2010 marca el punto de inflexión. La crisis económica ya no era solo una amenaza exterior ni una turbulencia financiera. Se había convertido en paro, miedo, precariedad, deuda, cierre de empresas y pérdida de derechos. El Gobierno que había llegado al poder con un lenguaje de ampliación de derechos terminó aplicando medidas de ajuste que golpearon directamente a sus bases sociales. Y la protesta lo registró.

Una de las primeras grandes fracturas fue la reforma de las pensiones. El 29 de enero de 2010 aparece ya una protesta ante la sede del PSOE en Ferraz contra la subida de la edad de jubilación. El lema era claro: «no a trabajar hasta los 67 años». Aquella decisión no era menor. Tocaba uno de los pilares simbólicos del pacto social: el derecho a retirarse después de una vida laboral completa. Poco después, el 23 de febrero, nuevas movilizaciones sindicales volvieron a colocar las pensiones en el centro de la disputa. No se protestaba solo por una cifra; se protestaba por un cambio de época.

A esa herida se sumó otra: el recorte salarial a los trabajadores públicos. En mayo de 2010, el llamado «tijeretazo» del Gobierno abrió una brecha profunda con funcionarios, empleados públicos, sanitarios, docentes y trabajadores de la administración. La protesta del 20 de mayo ante el Ministerio de Economía y Hacienda, bajo el lema «contra el tijeretazo del Gobierno», sintetiza bien aquel momento. El Gobierno socialista asumía el lenguaje de la austeridad y trasladaba parte del coste de la crisis a quienes no la habían provocado.

La huelga general del 8 de junio de 2010 en la Administración pública anticipó lo que vendría después. «Gobierno irresponsable, ni empleados públicos ni pensionistas, ni culpables ni pagadores», decían algunas pancartas. La frase condensaba una acusación política de fondo: se hacía pagar la crisis a trabajadores, pensionistas y servicios públicos mientras bancos, grandes empresas y poderes financieros conservaban su capacidad de presión.

El ciclo culminó con la reforma laboral y la Huelga General del 29 de septiembre de 2010. Las protestas previas fueron acumulando consignas: «No a la reforma laboral», o «sobran las razones». El 29-S no fue solo una protesta sindical más. Fue la constatación de que una parte de la izquierda social consideraba que Zapatero había cruzado una línea. Se le reprochaba haber aceptado el marco de los mercados, de Bruselas, de los poderes financieros y de la patronal.

Pero 2011 fue todavía más decisivo. Si 2010 fue el año del ajuste, 2011 fue el año de la quiebra de legitimidad. Las protestas contra la reforma de las pensiones continuaron. El 29 de enero de 2011, desde Vallecas y Moratalaz, se marchó «contra la reforma de las pensiones, por un trabajo digno ya, no a los recortes laborales y sociales, por una nueva huelga general». En marzo, miles de personas volvieron a salir «por las pensiones, el empleo y los derechos sociales». En junio, pensionistas de CCOO protestaron contra la congelación de las pensiones y el recorte de derechos sociales.

El Primero de Mayo de 2011 fue especialmente expresivo. Las calles hablaban contra el pacto social, contra la reforma laboral, contra el recorte de las pensiones y contra una salida de la crisis construida sobre la resignación. Ya no se trataba solo de protestar contra medidas concretas. Se empezaba a impugnar el conjunto del modelo político-económico.

Y entonces llegó el 15M. El 15 de mayo de 2011, la consigna «No somos mercancía en manos de políticos y banqueros» transformó el campo de protesta. El malestar ya no cabía únicamente en el repertorio sindical clásico. Había paro, precariedad juvenil, vivienda imposible, corrupción, descrédito institucional y una sensación creciente de secuestro democrático. «No nos representan» no era una frase contra un solo partido, pero golpeaba de lleno al Gobierno que estaba en ese momento en La Moncloa.

El 15M no fue simplemente una protesta contra Zapatero. Fue algo más profundo: una protesta contra la democracia realmente existente. Pero precisamente por eso afectó tanto al Gobierno socialista. Porque Zapatero aparecía como presidente de un régimen incapaz de responder a la crisis sin obedecer a los mercados. La acampada de Sol, las asambleas, las marchas de junio y julio, y la gran movilización global del 15 de octubre mostraron que el conflicto ya no era solo laboral: era democrático.

La reforma del artículo 135 de la Constitución cerró el círculo. En agosto y septiembre de 2011, PSOE y PP pactaron una modificación constitucional exprés para introducir la estabilidad presupuestaria, mientras españa estaba de vacaciones. La calle respondió con protestas que exigían referéndum: «No a esta reforma de la Constitución. Ni un paso atrás»; «Contra la reforma de la Constitución, referéndum ya». Aquello tuvo una enorme carga simbólica. La Constitución, tantas veces presentada como intocable, podía reformarse en pocos días cuando lo exigían los mercados. Pero no se consultaba al pueblo.

Vistos desde la protesta, los dos últimos años del Gobierno de Zapatero fueron los años de una ruptura. Se rompió la confianza sindical, se rompió la expectativa progresista, se rompió la idea de que el PSOE podía proteger a las clases trabajadoras frente a la crisis y se abrió una crisis de representación que el 15M expresó con una claridad histórica.

¿Nos acordamos? Conviene hacerlo. Porque la memoria política no puede reducirse a balances electorales ni a relatos partidistas. En la calle quedaron registradas las decisiones: jubilación a los 67, recorte a empleados públicos, reforma laboral, congelación de pensiones, reforma constitucional sin referéndum, subordinación de la política económica a los mercados. La protesta no dicta sentencia judicial, pero sí deja constancia social. Y lo que dejó escrito en 2010 y 2011 fue una acusación severa: cuando un Gobierno elegido para proteger derechos termina gestionando sacrificios en nombre de la estabilidad, la calle se convierte en archivo vivo de la decepción colectiva.

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La imputación de Zapatero y el régimen que nunca se fue

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La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero ha vuelto a poner sobre la mesa un debate que en España nunca termina de afrontarse de verdad: el funcionamiento del régimen del 78, las puertas giratorias y la enorme red de intereses económicos y políticos que conecta a gobiernos, grandes empresas y élites mediáticas. Porque el problema no es únicamente un nombre propio. El problema es un sistema construido para garantizar impunidad a quienes han gobernado durante décadas.

Durante años, el PSOE ha tratado de presentarse como un muro frente a la derecha y la extrema derecha. Sin embargo, mientras se pronunciaban discursos progresistas, se consolidaba un modelo donde antiguos ministros y expresidentes acababan asesorando grandes corporaciones, participando en consejos de administración o influyendo desde despachos privados en decisiones estratégicas del país. Las famosas puertas giratorias no son una anomalía: son una pieza estructural del sistema político español.

La imputación de Zapatero no debería analizarse desde el fanatismo partidista ni desde el “y tú más” permanente que domina la política española. Tampoco desde la defensa ciega que algunos sectores intentan construir cada vez que una figura del PSOE queda señalada judicialmente. La izquierda no puede convertirse en una maquinaria de protección de dirigentes cuando aparecen indicios graves o relaciones opacas con poderes económicos. Si algo debería diferenciar a una izquierda transformadora del bipartidismo tradicional es precisamente la exigencia ética y la capacidad de señalar la corrupción venga de donde venga.

Porque el PSOE lleva décadas participando activamente en las dinámicas de poder del régimen del 78. Un régimen que prometía estabilidad y democracia, pero que también consolidó una arquitectura profundamente dependiente de grandes intereses empresariales, financieros y mediáticos. La corrupción no es un accidente aislado dentro de este modelo: es una consecuencia lógica de una estructura donde las élites políticas y económicas conviven, se protegen y se intercambian favores.

Y mientras tanto, Vox intenta aprovechar cada caso que afecta al PSOE para presentarse como alternativa “antisistema”, cuando en realidad forma parte del mismo engranaje. La extrema derecha habla de regeneración mientras defiende los privilegios de las grandes fortunas, protege a las élites económicas y mantiene intacto el modelo que ha permitido la corrupción estructural durante décadas. Vox no viene a romper el régimen del 78; viene a radicalizarlo en clave autoritaria y reaccionaria.

Lo preocupante no es solo que aparezcan casos de corrupción o imputaciones. Lo verdaderamente grave es la normalización social de estas prácticas. La sensación de que quienes han gobernado siempre juegan con reglas distintas. Que existe una España para la ciudadanía corriente y otra para quienes ocupan consejos de administración, despachos ministeriales o redes de influencia política.

«hay que cambiar los poderes del estado, y acabar con los privilegios de los ex-politicos/as que solo buscan su propio beneficio»

La desafección política no nace de la nada. Nace cuando millones de personas observan cómo se recortan derechos sociales mientras las élites continúan acumulando poder económico y político sin apenas consecuencias. Nace cuando los grandes partidos convierten la corrupción en una batalla propagandística mientras siguen compartiendo los mismos mecanismos de privilegio.

La izquierda no puede limitarse a defender siglas. Tiene que defender principios. Y eso implica denunciar las puertas giratorias, exigir transparencia absoluta y señalar que el problema de fondo no son únicamente determinados dirigentes, sino un sistema político y económico que lleva demasiados años funcionando para unos pocos.

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Podemos Móstoles propone una red de aparcabicis seguros para impulsar una movilidad más sostenible y segura

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Mónica Monterreal. Portavoz de Podemos Móstoles.

Móstoles necesita avanzar hacia una movilidad más segura y sostenible. Con ese objetivo, Podemos Móstoles llevará al próximo pleno municipal una moción para impulsar la creación de una red de aparcabicicletas seguros en distintos puntos estratégicos de la ciudad. La iniciativa busca facilitar el uso cotidiano de la bicicleta y fomentar alternativas reales al vehículo privado.

Actualmente, uno de los principales problemas a los que se enfrentan quienes utilizan la bicicleta en Móstoles es la falta de infraestructuras adecuadas para estacionarla de forma segura. Muchas personas se ven obligadas a dejar sus bicicletas en anclajes insuficientes o en espacios poco protegidos frente a robos y actos vandálicos. Esta situación acaba desincentivando especialmente los desplazamientos diarios al trabajo, centros educativos o estaciones de transporte público.

La propuesta presentada por Podemos Móstoles plantea la elaboración de un estudio técnico para identificar las ubicaciones prioritarias donde instalar estos aparcabicis seguros. Además, la moción incluye la creación de un plan municipal de implantación progresiva, el desarrollo de una fase piloto y la incorporación de una partida específica en los próximos presupuestos municipales para garantizar su puesta en marcha.

Uno de los aspectos más destacados de la iniciativa es la apuesta por reforzar la intermodalidad, es decir, la conexión entre la bicicleta y el transporte público. La formación considera prioritario instalar estos estacionamientos en estaciones de Cercanías y otros nudos de transporte urbano para facilitar que más vecinos y vecinas puedan combinar distintos medios de transporte de manera cómoda y sostenible.

La portavoz de Podemos Móstoles, Mónica Monterreal Barrios, ha defendido que “Móstoles no puede seguir llegando tarde a las políticas de movilidad sostenible mientras otras ciudades de nuestro entorno avanzan con medidas útiles y realistas”. Asimismo, ha señalado que fomentar el uso de la bicicleta no puede quedarse únicamente en campañas institucionales o discursos puntuales, sino que requiere inversiones e infraestructuras que den respuesta a las necesidades reales de la ciudadanía.

“Móstoles no puede seguir llegando tarde a las políticas de movilidad sostenible mientras otras ciudades de nuestro entorno avanzan con medidas útiles y realistas”.

La implantación de una red de aparcabicis seguros supondría un paso importante para avanzar hacia una ciudad más habitable, menos contaminante y mejor conectada. Además de promover hábitos de movilidad más saludables, la medida podría contribuir a reducir el tráfico y mejorar la calidad del aire en Móstoles, alineando a la ciudad con las políticas de movilidad sostenible que ya se están desarrollando en numerosos municipios europeos.

La propuesta presentada por Podemos Móstoles toma como referencia experiencias que ya están funcionando con éxito en otros municipios del sur de Madrid, como Getafe. Allí, la Concejalía de Movilidad y Transporte, gestionada por Podemos Getafe, ha impulsado la implantación de aparcabicis seguros como parte de una estrategia para fomentar una movilidad más sostenible y reducir el uso del vehículo privado. El Concejal Delegado de Movilidad y Transporte, Carlos Enjuto, ha sido uno de los principales impulsores de esta medida, que ha contado con una gran aceptación entre los vecinos y vecinas de la ciudad, consolidándose como una alternativa útil y eficaz para favorecer el uso cotidiano de la bicicleta.

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De Callao al Congreso: la indignación por el ataque a las flotillas humanitarias llena las calles de Madrid

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Sentada en el Congreso de los Diputados. Madrid.

Ayer, la indignación volvió a tomar las calles de Madrid. La Plaza de Callao fue escenario de una protesta convocada para denunciar el secuestro ilegal en aguas internacionales de los integrantes de las flotillas humanitarias interceptadas por el ejército de Israel. Lo que comenzó como una concentración de denuncia terminó trasladándose hasta las puertas del Congreso de los Diputados, donde decenas de personas realizaron una sentada como símbolo de resistencia y de denuncia ante el silencio institucional europeo.

«La protesta celebrada ayer en Madrid contra el secuestro ilegal en aguas internacionales de los integrantes de las flotillas humanitarias por parte del ejército de Israel terminó convirtiéndose en una contundente denuncia política frente al Congreso de los Diputados»

La movilización reflejó un sentimiento cada vez más extendido entre amplios sectores de la ciudadanía: el hartazgo frente a la pasividad de los gobiernos europeos mientras continúan vulnerándose de manera sistemática los derechos humanos del pueblo palestino. Cada nuevo ataque, cada bloqueo y cada acción contra activistas internacionales parece encontrarse con la misma respuesta desde las instituciones europeas: silencio, tibieza o complicidad.

Los integrantes de las flotillas humanitarias no transportan armas ni intereses económicos. Llevan ayuda humanitaria destinada a un pueblo arrasado tras meses de destrucción, bombardeos y bloqueo. Medicinas, alimentos y material de primera necesidad son tratados como una amenaza por un Estado que actúa con total impunidad incluso fuera de sus fronteras y en aguas internacionales, vulnerando el derecho internacional sin consecuencias reales.

El Área Joven de Podemos Comunidad de Madrid, al frente de la protesta.

La protesta de ayer en Madrid no fue únicamente un gesto de solidaridad con las personas retenidas o atacadas en las flotillas. Fue también una denuncia directa contra la hipocresía de unas instituciones europeas que hablan constantemente de democracia y derechos humanos mientras permiten que se siga castigando colectivamente a millones de personas en Gaza.

La sentada frente al Congreso simbolizó precisamente eso: una ciudadanía que ya no quiere mirar hacia otro lado. Personas cansadas de que se criminalice la solidaridad y de que se normalicen imágenes de destrucción, hambre y muerte. Porque mientras algunos gobiernos siguen calculando costes diplomáticos, hay quienes arriesgan su vida para llevar ayuda humanitaria a quienes más la necesitan.

Cada vez son más las voces que exigen el fin del bloqueo, el respeto al derecho internacional y una posición firme frente a los crímenes que se están cometiendo. La movilización social continúa creciendo porque frente al silencio institucional, la solidaridad sigue organizándose en las calles.

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14 años después

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[[File:RealSantanderRC 1923.png|RealSantanderRC_1923]]

En el fútbol hay equipos que todo el mundo quiere ver en Primera División, por su afición, por su estadio, por su historia. Y no me equivoco si digo que uno de ellos es el Racing de Santander.

Alineación del Real Racing Club de Santander en 1922

Ayer, 14 años después, el conjunto santanderino volvió a Primera. 14 años deambulando por un auténtico infierno, no solo en lo deportivo, también en lo institucional.

En el 2012, el Racing dijo adiós a Primera, quedando último con tan solo 27 puntos. Bajaba uno de los clubes fundadores, uno de los equipos más queridos por los amantes del fútbol.

Al año siguiente, en el 2013, ya en Segunda División se llevó otro revés: el equipo acabó antepenúltimo, lo que hizo que perdiese la categoría y cayese a Segunda B.

El Racing estaba viviendo un auténtico infierno. A pesar de que al año siguiente volvieron a segunda, solo les duró un año; en el 2015 volvieron a bajar.

Así estuvieron hasta la temporada 2021/2022 deambulando entre la Segunda División y la Segunda B. Ese año consiguieron estabilizarse en la Segunda División del fútbol español; hasta ayer, cuando por fin consiguieron su ansiado ascenso a Primera, sin lugar a dudas, el sitio donde merecen estar.

Y no solo ha sido un infierno en lo deportivo, también en lo institucional. El Racing ha pasado por impagos, rebelión de la plantilla y hasta estafas internacionales.

En 2011 Alí Syed compró el club. La operación no pudo salirle peor al Racing. Alí Syed dejó de pagar; sus empresas estaban investigadas por todo el mundo, e incluso la Interpol lo buscaba por estafas. Alí huyó de España, dejando el club con una deuda enorme y obligándolo a acogerse a la Ley Concursal para evitar el descenso administrativo.

Y esto no acabó aquí. El club acabó en manos de Ángel Lavín, que continuó hundiendo al equipo. En 2014 la plantilla se plantó, y esta imagen dio la vuelta al mundo. En cuartos de la Copa del Rey, la plantilla decidió no jugar contra la Real Sociedad en protesta por los impagos del club y pidiendo la dimisión del presidente y la directiva. El partido contra la Real empezó, y los jugadores del Racing se juntaron en el centro del campo mientras se abrazaban. El partido se suspendió, pero la presión fue tan grande que esa misma noche la directiva dimitió.

Tras esto, el club pasó a ser gestionado por exjugadores y por miles de aficionados que compraron acciones, lo que llevó a que el Racing se estabilizase económicamente.

14 años de auténtico sufrimiento, de estar al borde de la desaparición. Por eso, ayer, tras el pitido final, pudimos ver la emoción de los jugadores y la afición, que no pudo contener sus lágrimas. Por fin pudieron celebrar que el Racing volvía a Primera, dejando atrás un auténtico infierno.

El mundo del fútbol hoy llora de alegría, enhorabuena al Racing y a su afición, nos vemos el año que viene en primera.

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Quince años del 15M: la noche en que una protesta se convirtió en movimiento

Madrid, 14 de mayo de 2026. Mañana se cumplen quince años del 15M, una fecha que ya forma parte de la memoria política reciente de España. Lo que comenzó como una manifestación convocada bajo el lema “Democracia Real Ya. Toma la calle. No somos mercancía en manos de políticos y banqueros” terminó convirtiéndose en un ciclo de movilización que desbordó los cauces habituales de la protesta y modificó el lenguaje político de una generación.


El 15 de mayo de 2011, miles de personas salieron a la calle en Madrid en un contexto marcado por la crisis económica, el desempleo, los recortes, la desafección política y la percepción de que las instituciones no respondían al malestar social. Según la base de datos propia revisada con más de 7.500 eventos de protesta documentados en la calles de Madrid en 25 años del siglo XXI, aquella primera protesta reunió a 18.000 personas. La marcha salió de Cibeles en dirección a la Puerta del Sol, que pronto dejaría de ser solo un lugar de paso para convertirse en el centro simbólico del movimiento.


La cabecera llegó a Sol hacia las 19:30 horas. Más tarde, en torno a las 21:15, se produjeron cargas policiales en zonas como Tirso de Molina y Callao. Hubo 19 detenidos y varios heridos. Pero la represión no cerró la protesta: la abrió. Tras las cargas, un pequeño grupo decidió quedarse en la Puerta del Sol. Primero fueron alrededor de un centenar de personas. Aquella permanencia nocturna, aparentemente improvisada, dio origen a la acampada y, con ella, al movimiento de los indignados. Esa noche volvieron a se desalojados.
En los días siguientes, las redes sociales jugaron un papel decisivo. El 16 de mayo comenzaron a circular mensajes que llamaban a volver a Sol. El 17 de mayo, la policía disolvió de madrugada a quienes permanecían en la plaza, pero el intento de expulsión produjo el efecto contrario: multiplicó la convocatoria. Esa misma tarde, Sol volvió a llenarse. Según el registro, alrededor de 1.000 personas se quedaron a dormir. Nacían las asambleas, los turnos de palabra, los grupos de trabajo y una forma de participación que desbordaba la lógica clásica de partido, sindicato o asociación.


El 15M no fue únicamente una protesta contra la crisis económica. Fue, sobre todo, una impugnación moral y política de la forma en que se estaba gestionando la crisis. Sus lemas condensaban ese diagnóstico: “Lo llaman democracia y no lo es”, “No nos representan”, “Esta crisis no la pagamos”, “No hay pan para tanto chorizo”. En ellos aparecía una crítica doble: contra la subordinación de la política a los mercados y contra una representación institucional percibida como distante, cerrada y poco sensible a la ciudadanía.
La Puerta del Sol se convirtió entonces en un laboratorio democrático. Allí se ensayaron formas de deliberación colectiva, se organizaron comisiones, se discutieron propuestas y se produjo una intensa reapropiación del espacio público. Durante semanas, la plaza fue algo más que una plaza: fue foro, campamento, ágora, escuela política y escenario de una nueva cultura de protesta. La acampada fue levantada el 12 de junio de 2011, después de 28 días, bajo un lema que resumía la estrategia posterior: “No nos vamos, nos expandimos”.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió. El 15M se extendió a barrios, pueblos, ciudades y luchas sectoriales. La base analizada registra 245 protestas vinculadas al ciclo 15M entre 2011 y 2022. En 2011 aparecen 68 protestas; en 2012, 80; en 2013, 58, que fueron analizadas y registradas. El movimiento se diversificó: vivienda, desahucios, sanidad pública, educación, deuda, banca, corrupción, reforma laboral, represión policial y defensa de derechos sociales. La protesta dejó de concentrarse únicamente en Sol y empezó a desplazarse hacia juzgados, sedes bancarias, ministerios, barrios, hospitales, sedes de partidos y marchas sobre Madrid.


El derecho a la vivienda se convirtió en una de las derivaciones más significativas. Las acciones contra desahucios, los escraches y las protestas ante bancos mostraron que el 15M había pasado de la indignación general a la intervención concreta sobre conflictos sociales. También las mareas ciudadanas, especialmente la Marea Blanca en defensa de la sanidad pública, o las Marchas de la Dignidad, expresaron esa capacidad de transformar el malestar en organización.


Quince años después, el 15M puede leerse como un acontecimiento fundacional de una nueva etapa de protesta en España. No produjo un único movimiento cerrado, sino una constelación de prácticas, lenguajes y repertorios. Su herencia no está solo en sus efectos electorales o institucionales, sino en haber devuelto al centro de la vida pública una idea sencilla y poderosa: que la ciudadanía puede ocupar la calle para hacerse visible, deliberar y disputar el sentido de la democracia.
Mañana, 15 de mayo de 2026, el aniversario no recuerda solo una manifestación. Recuerda el momento en que una protesta se quedó a dormir en una plaza y, al hacerlo, despertó una época.

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Neutralidad es Complicidad

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Durante décadas, la frase «no mezcles política con deporte» fue el mantra cómodo de las instituciones y patrocinadores. Se buscaba un espectáculo aséptico, donde el deportista fuera simplemente un cuerpo en movimiento, una herramienta de entretenimiento sin voz ni ideología. Sin embargo, ese tiempo ha pasado. En un mundo hiperconectado y fracturado, la neutralidad ya no es una opción de perfil bajo, sino que a menudo se interpreta como una forma de complicidad.

El caso de Lamine Yamal: La naturalidad de una causa

Recientemente, hemos visto a Lamine Yamal, la joven estrella del FC Barcelona y de la selección española, portando la bandera de Palestina durante las celebraciones de la Liga 2026. Este gesto, cargado de simbolismo, no fue una anécdota. Para un jugador que representa la diversidad de una Europa moderna —con raíces en Marruecos y Guinea Ecuatorial—, posicionarse no es «hacer política» en el sentido partidista; es expresar una identidad y una sensibilidad humanitaria ante un genocidio que sacude la conciencia global.

El impacto de Yamal es masivo. Cuando un icono de 18 años, con millones de seguidores, decide que su alegría no puede ser indiferente al sufrimiento ajeno, está enviando un mensaje de empatía que llega donde los boletines de noticias fracasan.

Borja Iglesias: La normalidad como acto de rebeldía

En un entorno históricamente masculinizado y conservador como el fútbol, la figura de Borja Iglesias ha emergido como un faro de valentía frente a la homofobia. El «Panda» no solo ha utilizado sus redes sociales para denunciar insultos LGTBIfóbicos —como ocurrió tras un incidente en Sevilla a principios de 2026—, sino que ha hecho de su propia estética un manifiesto. Al pintarse las uñas o llevar complementos que rompen con los estereotipos tradicionales, Iglesias lanza un mensaje directo: la libertad individual no debería ser noticia en el siglo XXI. Su célebre campaña «Soy heterosexual» (donde planteaba un mundo donde la heterosexualidad fuera la orientación a «confesar») puso en evidencia el absurdo de la discriminación, recordando que el deporte debe ser un espacio seguro donde cada jugador pueda ser quien es sin miedo al juicio de la grada.

El Racismo: El combate que nace en el césped

El racismo no es un «tema» externo al deporte; es una enfermedad que infecta los estadios cada semana. Figuras como Vinícius Júnior han transformado su dolor en un motor de cambio, obligando a las ligas y a los gobiernos a endurecer las leyes y los protocolos.

¿Por qué es imperante posicionarse?

• Representación: Los deportistas son referentes para millones de niños. Ver a su ídolo señalar el racismo les enseña que el odio no debe ser tolerado.

• Influencia Legislativa: La presión de las estrellas del deporte a menudo acelera decisiones institucionales que los activistas llevan años reclamando.

• Desmantelamiento del privilegio: El silencio de los deportistas que no sufren racismo perpetúa el sistema. La solidaridad activa (el aliado) es lo que realmente genera el cambio.

La responsabilidad de la plataforma

Los críticos argumentan que el deporte debería ser una vía de escape, un refugio frente a la realidad. Pero, ¿puede serlo para un jugador que recibe insultos por su color de piel? ¿Puede serlo para un atleta que ve a su pueblo bajo fuego?

«El deporte tiene el poder de transformar el mundo… tiene el poder de inspirar y de unir a la gente de una manera que pocas otras cosas pueden«. — Nelson Mandela.

Esa unión de la que hablaba Mandela no se logra ignorando los problemas, sino enfrentándolos. El deportista moderno ha entendido que su valor de mercado no solo reside en sus goles o récords, sino en su integridad.

Ya no basta con ser el mejor. En 2026, el liderazgo deportivo se mide también por la capacidad de mirar más allá de las gradas. Gestos como el de Lamine Yamal, el de Borja Iglesias o la lucha contra el racismo de Vinicius demuestran que el deporte es, y siempre será, un reflejo de nuestra sociedad. Y si la sociedad duele, el deporte tiene la obligación moral de no mirar hacia otro lado.

La bandera que hoy ondea en el campo no solo representa a un país o a un club; representa la humanidad de quien la sostiene.

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Almeida perpetúa la cicatriz de la M-30 sobre Vallecas

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Almeida tira por tierra las reivindicaciones vecinales de Puente de Vallecas y Retiro, manteniendo un ‘scalextric’ donde 170.000 vehículos diarios ofrecen ruido, contaminación, segregación y desigualdad.

Víctor Valdés Camacho. Portavoz de Podemos Madrid

El Ayuntamiento de Madrid vuelve a demostrar cuál es su modelo de ciudad: una ciudad pensada para los coches, para la especulación urbanística y para quienes viven lejos de las consecuencias de la contaminación y el ruido. El plan “Vallecas Abierto”, presentado por el Gobierno de José Luis Martínez-Almeida, no es más que una operación de maquillaje político que pretende vender como transformación urbana lo que en realidad supone consolidar uno de los mayores símbolos de desigualdad y segregación de Madrid: el scalextric de la M-30 sobre Puente de Vallecas.

Mientras otras grandes ciudades europeas avanzan hacia modelos más sostenibles, derribando autopistas urbanas y recuperando espacios para la ciudadanía, Almeida decide mantener una infraestructura que soporta el paso de más de 170.000 vehículos diarios. Miles de coches atravesando cada día el corazón de Vallecas significan contaminación atmosférica, ruido constante, problemas de salud y una barrera física que divide barrios y vecinos desde hace décadas. No es progreso: es condenar a Vallecas a seguir siendo el patio trasero de Madrid.

Desde hace años, el movimiento vecinal lleva reclamando una transformación real de este espacio. Asociaciones vecinales, colectivos sociales y entidades del distrito han defendido la necesidad de derribar el scalextric y recuperar ese entorno para la vida, el encuentro y el bienestar de quienes viven allí. Sin embargo, Almeida ha decidido ignorar estas reivindicaciones y lanzar un proyecto unilateral, sin participación ciudadana y sin ofrecer siquiera plazos claros de ejecución. Una vez más, el PP entiende la participación vecinal como un obstáculo y no como un elemento imprescindible para construir ciudad.

La inversión anunciada, de 11,5 millones de euros, evidencia además la falta de ambición del proyecto. Se pretende vender como una gran actuación urbanística lo que no deja de ser una reforma superficial incapaz de resolver el problema estructural. Porque el problema no es cómo decorar el scalextric; el problema es el propio scalextric. Mientras esa infraestructura continúe en pie, continuará también la desigualdad urbana que sufren los barrios del sur y del este de Madrid.

No es casualidad que este tipo de infraestructuras siempre castiguen a las mismas zonas obreras. Vallecas lleva décadas soportando políticas urbanísticas que priorizan el tráfico privado y los intereses económicos frente a la salud y la calidad de vida de la gente trabajadora. Los barrios populares acumulan contaminación, falta de zonas verdes y peores condiciones urbanas mientras las grandes operaciones de transformación y embellecimiento se reservan para otras partes de la ciudad. Madrid sigue funcionando a dos velocidades: una para quienes tienen privilegios y otra para quienes cargan con las consecuencias.

Desde Podemos Madrid y el Círculo de Puente de Vallecas lo tienen claro: cualquier proyecto que quiera mejorar realmente el entorno debe partir de una condición básica, el derribo del scalextric. Todo lo demás son parches destinados a perpetuar el problema y a silenciar temporalmente las protestas vecinales.

«Desde el Círculo de Puente de Vallecas y desde Podemos Madrid, sabemos que la condición de cualquier proyecto de mejora del entorno para el bienestar pasa por derribar el scalextric»

Además, el plan “Vallecas Abierto” nace sin consenso social. Y eso debería hacer reflexionar al Ayuntamiento. Las ciudades no pueden construirse de espaldas a quienes las habitan. Cuando un gobierno municipal impone proyectos sin escuchar a la ciudadanía, está debilitando la democracia y reforzando un modelo autoritario de gestión urbana donde las decisiones se toman desde los despachos y no desde los barrios.

Madrid necesita un modelo urbano radicalmente distinto: menos coches, menos contaminación y más espacios públicos para la convivencia. Necesita inversiones que reduzcan desigualdades y que prioricen la salud de la mayoría social frente a los intereses económicos de unos pocos. Y eso pasa, inevitablemente, por acabar con una infraestructura que simboliza décadas de abandono institucional hacia Vallecas.

Porque no hay “Vallecas Abierto” posible mientras el scalextric siga levantándose como un muro sobre el barrio.

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