Fractura en la cúpula de Vox: Abascal expulsa a Ortega Smith.

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Vox atraviesa una crisis interna imposible de ocultar tras la retórica de la disciplina que siempre se ha exhibido desde la cúpula. En los últimos meses, el partido de extrema derecha ha encadenado purgas en su dirección, conflictos abiertos con su entorno juvenil y escándalos judiciales graves, dibujando un escenario de fractura orgánica y descomposición interna que contrasta con la imagen de bloque compacto que intenta proyectar hacia fuera.


La salida de Ortega Smith:

El 23 de Diciembre de 2025, la dirección de Vox tomó una decisión de enorme carga simbólica: Javier Ortega Smith fue apartado de la Ejecutiva Nacional. No se trata de un dirigente cualquiera. Ortega Smith fue uno de los fundadores del partido, secretario general durante años y uno de los principales arquitectos del Vox que creció entre 2018 y 2019.
Su salida no fue un hecho aislado ni repentino. En Noviembre ya había sido degradado en el Congreso, perdiendo peso político y visibilidad. Desde hacía tiempo, Ortega Smith venía expresando malestar con el rumbo interno del partido, criticando prácticas que, a su juicio, convertían la organización en una estructura cerrada, personalista y poco transparente.
La expulsión de la Ejecutiva marca un punto de inflexión: Vox prescinde de uno de sus rostros históricos para reforzar un modelo de poder cada vez más concentrado en el entorno de Santiago Abascal, donde la lealtad personal pesa más que la trayectoria política.

Revuelta, la DANA y el choque con las juventudes


Uno de los episodios más dañinos para la estabilidad interna de Vox ha sido el conflicto con Revuelta, la organización juvenil vinculada durante años al partido. La ruptura estalla tras la gestión de donaciones recaudadas para los afectados por la DANA que golpeó el Levante en el otoño de 2024.
A lo largo de 2025, antiguos responsables de Revuelta denunciaron públicamente falta de información sobre el destino de los fondos, ausencia de documentación clara y opacidad en el control económico. Dos exdirigentes llegaron a poner los hechos en conocimiento de la Fiscalía, lo que elevó el conflicto de una disputa interna a un problema con dimensión legal.
Vox respondió denunciando a su vez a Revuelta ante los mecanismos de protección de informantes, acusando a la organización de irregularidades. El resultado ha sido devastador: acusaciones cruzadas, ruptura total de relaciones y una desmovilización evidente de una parte de la militancia joven, que observa cómo el partido gestiona una crisis solidaria con lógica de guerra interna. Más allá de lo que determinen las investigaciones, el daño político ya está hecho: un partido que presume de orden y patriotismo aparece incapaz de gestionar con transparencia fondos destinados a una emergencia social.

Escándalo mayúsculo: la denuncia por agresión sexual a un menor


La crisis interna de Vox dio un salto cualitativo cuando, en 2025, el responsable de redes sociales del partido dimitió cuando se hizo pública una denuncia por agresión sexual a un menor de edad. La denuncia fue presentada por un joven que aseguró haber sufrido tocamientos cuando tenía 16 años, en el contexto de encuentros vinculados al entorno militante.
El caso es especialmente grave por dos motivos: primero, por la naturaleza del delito denunciado, y segundo, porque afecta a un área clave del partido: la comunicación digital, uno de los principales instrumentos de crecimiento y radicalización de Vox en los últimos años.
La dimisión confirmó que la dirección consideró insostenible su continuidad. Además, el denunciante afirmó que podrían existir más víctimas, lo que incrementó la alarma dentro y fuera del partido.
Este episodio destrozó uno de los pilares discursivos de Vox: su autoproclamada superioridad moral frente al resto de fuerzas políticas.

Más causas, más grietas


Los problemas no terminan ahí. En 2025, la Fiscalía abrió diligencias contra Juan Manuel Badenas, portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Valencia, por presuntos delitos de prevaricación, malversación y falsedad documental relacionados con la adjudicación de contratos públicos. El caso volvió a colocar a Vox en el centro de las sospechas por uso irregular de recursos públicos.
Otros dirigentes del partido también han sido objeto de denuncias o investigaciones en los últimos años, algunas aún en fase preliminar. El patrón es claro: Vox ya no puede sostener el discurso de “partido limpio” mientras acumula conflictos judiciales y éticos en distintos niveles institucionales.

Un partido disciplinado a base de expulsiones


La suma de estos episodios revela una dinámica preocupante: Vox gestiona sus crisis internas mediante expulsiones, silencios y cierres de filas. La consecuencia es una organización cada vez más vertical, donde las discrepancias se pagan con la marginación y donde los escándalos se afrontan como amenazas, no como problemas políticos reales.
La salida de Ortega Smith, la ruptura con Revuelta, las denuncias por corrupción y el escándalo por agresión sexual no son hechos inconexos. Son síntomas de un mismo proceso: un partido que creció rápido, sin controles sólidos, y que ahora se resquebraja bajo el peso de sus propias contradicciones.
Vox sigue gritando disciplina hacia fuera, pero, por dentro, el ruido ya es imposible de ocultar.

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Es muy burdo pero….

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