La maquinaria contra Podemos y la estrategia mediática
En estos años hemos visto cómo se ha utilizado a Podemos como el comodín perfecto para echarle la culpa de absolutamente todo lo que pasa en este país. Después del esperpento vivido durante esta semana y rematado ayer a última hora, no hacía falta ser muy inteligente para saber a quién le iban a adjudicar la responsabilidad de no llegar a un acuerdo de coalición a la izquierda del PSOE. Pero conviene contar las cosas exactamente como han sido.
Todo se intensificó después de que Podemos llegase a un acuerdo con Esquerra Republicana y Gabriel Rufián, algo que no sentó nada bien ni al poder mediático ni al Frente Amplio. A partir de ahí empezó la campaña de derribo: primero fueron a por Rufián, que pasó en cuestión de una semana de ser considerado el gran líder que la izquierda necesitaba a ser tachado de «vendido» y «Judas» por el simple hecho de pactar con Podemos. Como hemos dicho tantas veces: no importa el cómo, sino el con quién.
La falsa oferta de última hora y el papel de Más Madrid
Durante toda la semana se ha estado pidiendo una única papeleta a la izquierda del PSOE, lo cual pasaba inevitablemente por integrar a Podemos en el Frente Amplio. Sin embargo, la narrativa que difundieron no se correspondía con la realidad. Emilio Delgado salió en televisión asegurando que le habían ofrecido el puesto dos o tres a Podemos, cuando eso era rotundamente falso: no existió ninguna propuesta formal durante la semana.

La única oferta llegó ayer viernes a las diez de la noche, a tan solo dos horas de que expirase el plazo legal para registrar acuerdos de coalición. Dicha propuesta efectivamente ofrecía el número dos o tres por Madrid para Irene Montero y la integración en el Frente Amplio, pero exigía como condición irrenunciable romper el acuerdo que Podemos ya había firmado con el partido de Rufián.
Obviamente, sabían perfectamente que Podemos no podía ni iba a aceptar semejante trampa. Era una maniobra calculada para tener la excusa perfecta y activar la maquinaria mediática: decir que «ellos sí quisieron a Podemos dentro» pero que fue Podemos quien lo rechazó. Y para mover esa narrativa contaban con el potente aparato mediático de Más Madrid.

Hay que recordar de dónde viene Más Madrid: nació de la escisión de los rebotados de Podemos, del errejonismo y del famoso chat Jaque Pastor, con figuras como Emilio Delgado —que mantiene al partido dividido junto a Mónica García—. Ese errejonismo se ha terminado convirtiendo en un PSOE de marca blanca. Por eso la progresía mediática, el régimen del 78 y quienes mandan en este país sin presentarse a las elecciones les dan un trato de favor: Más Madrid les resulta muy útil y cómodo. Nunca veréis a los grandes medios atacarlos, al menos no mientras les sigan sirviendo.

Las contradicciones de Izquierda Unida
Por otro lado, resulta incomprensible la posición de Antonio Maíllo, líder de Izquierda Unida. Vimos cómo rompió acuerdos que ya estaban cerrados en diversos territorios fuera de Madrid por una sumisión absoluta hacia Más Madrid, una formación que solo tiene implantación autonómica en Madrid y que carece de estructura en el resto del estado.
¿Cómo se explica que IU rompa pactos territoriales que permitían disputar y quitar escaños a PP y Vox para dárselos a la izquierda? Es difícil entenderlo más allá del reparto de asignaciones económicas y liberados, especialmente cuando por Madrid IU lo tiene muy complicado para sacar representación al no ocupar puestos de salida. Es una jugada que carece de lógica política y que muy probablemente sus votantes más acérrimos les harán pagar en las urnas.
Bulos, desinformación y el precio de la coherencia
A todo esto hay que sumar la campaña de bulos y desinformación desplegada por perfiles como Antonio Maestre o Pedro Vallín—personajes asentados en las tertulias compartiendo espacio con la corrupción a cambio de dinero—, así como diarios como eldiario.es. Nada de esto es nuevo; es el modus operandi habitual de la progresía mediática cuando alguien no pasa por el aro: intentar reventarlo.
Para Podemos habría sido facilísimo aceptar la oferta del Frente Amplio a última hora. Habría asegurado un diputado por Madrid, la prensa afín los habría aplaudido y todos contentos. Pero, ¿para qué habría servido eso?
Para convertirse en la muleta de Más Madrid y del PSOE blanco.
Para que nada cambie y todo siga igual.
Para repetir una legislatura como la actual, donde el Gobierno no ha llevado a cabo transformaciones profundas de izquierda.
¿De qué sirve la unidad si luego no se hace política de izquierda real?
Perspectivas ante el 29N: Un punto de inflexión
Nos enfrentamos ahora a un escenario electoral incierto de cara al 29 de noviembre, donde las encuestas apuntan a una posible mayoría de PP y Vox. Por supuesto, nadie se va a rendir: se va a pelear hasta el último día para evitar el gobierno de la derecha y la extrema derecha.
Sin embargo, estas elecciones deben ser un punto de inflexión para el espacio a la izquierda del PSOE. Mientras exista la dinámica actual de Más Madrid, la articulación de este espacio será sumamente compleja, pues se ha demostrado como una fuerza orientada a fragmentar y a canalizar votos de vuelta hacia el PSOE. Sin ese factor de distorsión, un acuerdo amplio no habría tenido los obstáculos que hemos visto.
Queda algo más de un mes para la cita electoral. Lo vivido en redes y medios dejará cicatrices y no va a ser una campaña sencilla. Pero quizás sea el momento de asumir que apelar a una «unidad» abstracta no funciona cuando enfrente hay actores que imposibilitan las coaliciones leales. Todos los ojos puestos en el 29N.







