Catalunya arrastra desde hace más de una década una situación estructural de infrafinanciación y deterioro progresivo de sus servicios públicos esenciales.
Estamos viendo estos días que rodalies, la sanidad y la educación se han convertido en tres ejemplos claros de un modelo que exige mucho a sus profesionales y a la ciudadanía, pero que recibe inversiones insuficientes y una gestión política incapaz de revertir el deterioro.
Lejos de ser un problema coyuntural, la precarización de los servicios públicos catalanes es el resultado de años de decisiones políticas de los distintos gobiernos —de Junts, ERC y ahora PSC— que no han logrado o no han querido mejorar de forma significativa la calidad de servicios básicos que millones de personas utilizan cada día.
Hablamos de servicios esenciales y básicos para nuestro día a día y por lo tanto, servicios que deberían de estar en primera línea de la política catalana desde hace años.
Con Rodalies vemos el colapso cotidiano de la movilidad pública. Un servicio que actualmente transporta en Catalunya a más de 400.000 pasajeros y pasajeras diarias y supera los 110 millones de viajes anuales, siendo uno de los sistemas ferroviarios más utilizados del Estado y repito, el más utilizado, pero, vemos que su funcionamiento se ha convertido en sinónimo de retrasos, incidencias, accidentes y falta de inversión (tanto en las infraestructuras, como en las condiciones de los alrededores de las vías, como en las condiciones laborales de quien trabaja en Rodalies).

Y los datos son claros:
– Más del 20-25% de los trenes sufren retrasos o incidencias de forma habitual.
– La red ferroviaria acumula décadas de déficit inversor, con miles de millones de euros comprometidos y no ejecutados por el Estado.
– El nivel de ejecución real de inversiones ferroviarias en Catalunya ha sido durante años muy inferior al presupuestado, en algunos ejercicios por debajo del 40%.
– Las incidencias graves se han multiplicado en los últimos años, afectando a miles de usuarios diariamente.
Pero la infrafinanciación de Rodalies no puede explicarse únicamente por el déficit inversor del Estado. También responde a decisiones políticas internas. Durante años, los diferentes Governs de la Generalitat (véase Junts pel Sí, Junts per Catalunya con ERC, ERC en solitario y actualmente PSC) han priorizado inversiones en otras infraestructuras ferroviarias (como FFCC) mientras Rodalies quedaba relegado a un segundo plano (algo que ya les venía bien a los partidos independentistas para seguir así usando su relato de “Madrid ens roba” para no visibilizar su incompetencia a la hora de poner solución a los problemas existentes en Rodalies).
Mientras pasaba todo esto la red de cercanías —la que utiliza la clase trabajadora cada día— continuaba deteriorándose. Esta decisión ha sido especialmente grave en comarcas y municipios donde Rodalies es la única opción real de movilidad. Sin este servicio, miles de personas no tienen forma de desplazarse a sus trabajos, centros educativos u hospitales.
En muchas zonas del Vallès, el Baix Llobregat, el Maresme o el Camp de Tarragona, la dependencia de Rodalies es absoluta y por tanto, la dejadez de los diversos Governs es intolerable. El deterioro de Rodalies implica menos oportunidades laborales, más desigualdad territorial y más exclusión social.
A ello se suma la situación interna del propio servicio:
– Falta de mantenimiento estructural en infraestructuras y trenes.
– Puestos de trabajo sin cubrir durante años.
– Plantillas agotadas por sobrecarga y falta de relevo.
– Material ferroviario envejecido.
– Terreno en decadencia y con nula cobertura y mantenimiento poniendo en riesgo la infraestructura.
Mientras tanto, vemos que la brecha entre las condiciones de la plantilla y las cúpulas directivas resulta cada vez más escandalosa.
Los directivos del sistema ferroviario perciben salarios elevadísimos añadiendo además, bonus de gestión (que debería de estar incluso hasta penalizado viendo la penosa gestión de todos estos años), y todo esto mientras trabajadores y trabajadoras afrontan turnos saturados, con falta de personal y responsabilidad creciente en un servicio que vemos que está al límite.
Esta desigualdad es percibida por muchos profesionales como una auténtica vergüenza: Salarios altos en despachos frente a condiciones laborales tensas en talleres, cabinas y estaciones.
Las movilizaciones de trabajadores de Renfe y del sector ferroviario en los últimos años han denunciado precisamente esto:
Falta de inversión real, ausencia de planificación, precarización laboral y un modelo de gestión alejado de la realidad del servicio
Viendo la sanidad, vemos con más preocupación la situación añadiendo listas de espera y profesionales completamente agotados.
El sistema sanitario catalán atraviesa una etapa crítica marcada por la falta y mala gestión de recursos, añadiendo el agotamiento del personal.
Datos clave:
– Catalunya destina alrededor del 5% del PIB a sanidad pública, por debajo de otros territorios europeos comparables.
– El gasto sanitario por habitante continúa por debajo de la media de la Europa occidental.
– Las listas de espera quirúrgicas superan las 150.000 personas en determinados momentos.
– Más de 800.000 pacientes esperan visita con especialista o pruebas diagnósticas.
– En atención primaria se superan en muchos centros las 1.800 tarjetas sanitarias por médico, muy por encima de lo recomendado.
– Médicos que todavía tienen que hacer guardias de 24 horas añadiendo más estrés, ansiedad y agotamiento al sector.
Las huelgas médicas y de atención primaria de los últimos años han puesto sobre la mesa la saturación estructural del sistema.
Profesionales sanitarios denuncian agendas imposibles, contratos precarios y fuga de talento hacia otros territorios o hacia la sanidad privada, algo que no nos podemos permitir, pues necesitamos más personal para así, garantizar una sanidad de calidad.
Pese a promesas reiteradas de refuerzo por parte de los distintos Governs catalanes, las mejoras siguen siendo insuficientes para revertir años de recortes y falta de inversión.
Por eso las y los médicos saldrán está semana que viene a movilizarse para exigir ser escuchados ante un Govern que no les escucha ni entiende la gran responsabilidad que asumen a un coste personal inmenso.
Está semana hemos visto una gran movilización de la educación donde volvían a salir para exigir ratios más bajas, la falta de recursos estructurales y de condiciones laborales.
La educación pública catalana continúa funcionando gracias al esfuerzo del profesorado y del personal educativo, pero con carencias persistentes.
Aquí tenéis algunos datos relevantes:
– Catalunya se sitúa por debajo de la media europea en inversión educativa respecto al PIB.
– Persisten ratios elevadas por aula, especialmente en áreas metropolitanas.
– Falta de personal de atención a la diversidad y de apoyo educativo.
– Sobrecarga burocrática y precariedad laboral en parte del profesorado.
– Centros saturados y barracones aún presentes en el sistema.
Las huelgas educativas entre 2022 y 2024 evidenciaron el malestar del sector, estamos en 2026 y seguimos exactamente igual. El profesorado reclama inversión real, reducción de ratios, estabilidad laboral y mejoras organizativas. Todo esto, aunque se han hecho algunos cambios estructurales no han revertido de forma profunda la situación acumulada.
Todo lo que vemos es un problema político estructural en Catalunya, la degradación de los servicios públicos no puede atribuirse a un solo Govern. Es el resultado de años de gestión sin transformación real del modelo de financiación ni de las prioridades presupuestarias.
Durante más de una década han gobernado diversos partidos pero de misma forma:
– Los gobiernos de Junts mantuvieron políticas continuistas tras los recortes añadiendo la colaboración público/privada como sistema ideal pervirtiendo el sistema todavía más.
– ERC no logró revertir de forma estructural la infrafinanciación de servicios esenciales y siguió en su línea de mantener la maldita colaboración público/privada sin parpadear.
– El actual PSC aún no ha materializado cambios profundos que transformen la situación y tampoco tienen en mente revertir la situación y apostar por la sanidad pública 100% acabando con el dinero que acaba en empresas privadas que nos atienden como números y no como personas.
Año tras año, las promesas de refuerzo de los servicios públicos no se han traducido en mejoras en el día a día de la ciudadanía, de ahí que los servicios estén cada vez más degradados con trabajadores cada vez más al límite.
A pesar del abandono institucional, hay algo que sigue sosteniendo los servicios públicos catalanes: sus trabajadores y trabajadoras.
– Personal ferroviario que mantiene trenes en circulación pese a la falta de recursos.
– Sanitarias que atienden agendas imposibles.
– Docentes que sostienen aulas masificadas.
Estos profesionales hacen mucho más de lo que sus condiciones permiten.
Por eso tenemos que entender que las movilizaciones de ferroviarios, sanitarios y personal educativo no son protestas aisladas.
Son la respuesta colectiva de quienes sostienen el país frente a años de infrafinanciación, nula planificación y mala gestión de nuestros servicios públicos.
Pero hay algo es es más importante, los servicios públicos no se defienden solos. Se defienden con organización, presión social y conciencia colectiva.
Los y las trabajadoras necesitan también saber y ver que no están solas y por ello, tenemos que organizarnos y darles el máximo apoyo.
Catalunya necesita:
– Inversión real y sostenida en Rodalies, sanidad y educación.
– Planificación a largo plazo centrada en lo público.
– Condiciones laborales dignas para quienes sostienen los servicios.
– Participación social y organización colectiva.
Porque se ha demostrado ya muchas veces que cuando la ciudadanía se organiza, los políticos se ponen las pilas y trabajan para que los servicios públicos avancen.
Cuando las trabajadoras se movilizan, se abren caminos que les permiten poder negociar y conseguir mejoras llegando a puntos de encuentro con fuerza gracias a la presión social.
Y cuando lo común se pone en el centro, la sociedad se fortalece.
Defender los servicios públicos es defender la dignidad colectiva. Es defender la vida frente a quienes nos quieren sumisos y con miedo. Y seguir organizándonos es la única garantía de que Rodalies, la sanidad y la educación estén realmente al servicio de la gente.
Salgamos, por ellas, por ellos, por ti.







