La recepción de Eduardo Inda y la cúpula de OKDIARIO en el Palacio de la Zarzuela, con motivo del décimo aniversario del medio, no es un gesto inocente. Es un acto cargado de simbolismo político que, lejos de ser “protocolo institucional”, supone un espaldarazo a uno de los principales difusores de bulos fabricados por las cloacas del Estado.
El pasado 3 de septiembre, Felipe VI recibió en audiencia a Eduardo Inda y a la dirección de OKDIARIO en el Salón de Audiencias de la Zarzuela. Oficialmente, el motivo era celebrar los diez años del medio. Sin embargo, la foto del monarca con el periodista no puede desligarse de la trayectoria de Inda como altavoz de operaciones de intoxicación política, como el falso informe PISA contra PODEMOS.
Inda ha sido señalado por difundir informaciones fabricadas por la red parapolicial del excomisario Villarejo, destinadas a destruir adversarios políticos. Entre ellas:
- El bulo de la supuesta cuenta de Pablo Iglesias en paraísos fiscales.
- La publicación de material robado del móvil de Dina Bousselham.
- La amplificación de filtraciones interesadas contra independentistas catalanes.
Todas estas operaciones fueron archivadas por los tribunales, pero no antes de cumplir su función: intoxicar el debate público.
- La paradoja de la Zarzuela
La Casa Real justifica la audiencia como parte de la “normalidad institucional” con medios relevantes. Pero recibir a un actor central de las cloacas equivale a legitimar sus métodos. Es un mensaje claro: la monarquía no solo tolera, sino que acoge y reconoce a quienes han contribuido a erosionar la democracia mediante campañas de difamación. - El blanqueo mediático
En su discurso ante el Rey, Inda se definió como “monárquico pragmático” y elogió la monarquía parlamentaria como algo que “funciona”. El acto sirvió para que el director de OKDIARIO se presentara como un defensor del sistema, mientras su historial demuestra un uso sistemático del periodismo como arma política. - Lo que significa para la salud democrática
La audiencia no es un gesto aislado: es parte de un patrón en el que las instituciones del Estado premian a quienes han servido a sus intereses en la guerra sucia contra rivales políticos. Este blanqueo institucional erosiona la confianza ciudadana y normaliza la desinformación como herramienta legítima de poder.
La foto de Felipe VI con Eduardo Inda no es solo un retrato de cortesía: es la imagen de un Estado que abraza a sus cloacas. Un recordatorio de que, en España, quienes manipulan y difaman desde el periodismo no son marginados, sino invitados de honor en palacio.



