Primarias de trampa y cartón

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La opacidad en las urnas internas: ¿a quién le importa la participación?

Hoy me he detenido a pensar en algo que damos por hecho, pero que es extraño si lo miras de cerca: las primarias de los partidos políticos. Se supone que son el momento en que la militancia (o los simpatizantes) toma el mando, el acto democrático por excelencia dentro de una organización. Pero, curiosamente, cuando llega la hora de los resultados, la transparencia no siempre brilla por su ausencia.

Más Madrid

Ayer se cerraron las primarias de Más Madrid y, como era de esperar, Mónica García y Rita Maestre han revalidado su liderazgo para encabezar las candidaturas a la Comunidad y al Ayuntamiento de Madrid, respectivamente. Los resultados publicados hablan de un respaldo claro: Mónica García ha obtenido un 80% de los votos y Rita Maestre un 81,2% en sus respectivas listas. Es un mensaje de continuidad y solidez para la formación, que ha querido cerrar filas y consolidar sus nombres de cara a las próximas elecciones de 2027.  

[[File:Mónica García Gómez.jpg|Mónica_García_Gómez]]

Sin embargo, al ver esos porcentajes tan redondos, no puedo evitar sentir que falta la pieza más importante del rompecabezas: la participación. Nos dan los tantos por ciento del éxito, pero no la cifra real de personas que han dedicado su tiempo a votar. Se habla de 800 o 900 votos en total, algo ridículo. Al final, nos encontramos ante el mismo dilema de siempre: sabemos quién ha ganado, pero no sabemos realmente cuánta gente ha hecho falta para ganar. ¿Es un proceso con una movilización masiva o es más bien un acto de ratificación simbólica de la dirección? Esa falta de transparencia numérica me deja siempre con la misma duda sobre qué representa realmente ese porcentaje frente a la totalidad de su base.

Izquierda Unida

Y hablando de porcentajes que esconden el bosque, no puedo dejar de pensar en Izquierda Unida. Hace poco, cuando Antonio Maíllo ganó sus primarias para convertirse en coordinador federal, la noticia se centró en ese 53,4% que le dio la victoria frente a Sira Rego. Pero, de nuevo, el dato de cuántas personas se tomaron la molestia de votar —es decir, la participación real de esa base militante— quedó diluido en un segundo plano.  

[[File:Antonio Maíllo en la Conferencia Interparlamentaria de IU (2025) 4.jpg|Antonio_Maíllo_en_la_Conferencia_Interparlamentaria_de_IU_(2025)_4]]

Es una dinámica que se repite: se nos presenta el tanto por ciento como si fuera la medida definitiva de la legitimidad, ignorando que el porcentaje solo tiene valor si sabemos sobre qué cantidad de gente se aplica. ¿Estamos ante una militancia activa que mueve los hilos del partido, o ante un proceso donde la cifra total de participantes se evita precisamente para no revelar lo pequeño que ha sido el cónclave? Cuando un partido de izquierdas, que históricamente ha hecho de la participación su razón de ser, se vuelve opaco con sus propias urnas, algo chirría en el discurso.

Podemos

En el otro lado de la balanza política, es innegable que Podemos juega con otras reglas en lo que a transparencia interna se refiere. En sus procesos, como ocurrió en sus últimas primarias estatales, no se andan con rodeos: cuando dicen que han votado 27.172 personas, ponen esa cifra sobre la mesa, sin esconderla detrás de un porcentaje. Esa decisión de auditar su propia participación, independientemente de si el número es alto o bajo, aporta una honestidad que brilla por su ausencia en otras formaciones.

Ione Belarra en la III Marcha Republicana en Madrid 2.jpg

Al final, esta es la gran diferencia. Mientras que en otros partidos de izquierda parece que se busca evitar el foco sobre la movilización real de la militancia, Podemos mantiene esa costumbre de dar el dato absoluto. Puede que estén en un momento de mayor o menor fuerza política, pero al menos no intentan maquillar el peso real de su base con porcentajes vacíos. Esa costumbre de contar a sus votantes, uno a uno, te obliga a preguntarte: ¿qué miedo tienen los demás a decirnos cuánta gente ha participado realmente en sus procesos?

Democracia interna: el espejo donde mirarse 

Si los partidos a la izquierda del PSOE quieren diferenciarse, si realmente aspiran a ser esa alternativa regeneradora que no solo pide democracia hacia afuera, sino que la practica hacia adentro, tienen que ser valientes con sus números. No se puede abanderar la «nueva política» y el empoderamiento ciudadano mientras se esconde, entre porcentajes opacos, la magnitud real de la participación en sus procesos internos. La transparencia no es solo un valor estético o un eslogan electoral; es la prueba del algodón. Si no son capaces de ser claros con sus propios militantes y simpatizantes sobre cuántos somos y cuántos decidimos, ¿cómo vamos a confiar en que serán diferentes a los partidos tradicionales cuando llegue el momento de gestionar algo más grande? La izquierda necesita menos discursos sobre lo democráticos que son y mucha más honestidad en el recuento de sus votos.

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