Juana Rivas, víctima de un poder judicial profundamente machista

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El caso de Juana Rivas no es una excepción ni un error puntual. Es el síntoma de un poder judicial profundamente patriarcal que no protege ni a las mujeres ni a la infancia, sino que las castiga cuando se atreven a desafiar el orden impuesto. Juana Rivas no huyó, Juana resistió. Y por resistir, fue castigada por una justicia que sigue actuando como brazo ejecutor del machismo institucional.

Juana Rivas toma la difícil decisión escapar con sus hijos desde Italia a España para protegerlos de un padre maltratador, condenado previamente por violencia machista. ¿La respuesta del sistema? Ignorar los antecedentes del maltratador, deslegitimar la voz de Juana, anular los testimonios de los menores diciendo que estaban coaccionados por su madre, que era ella quien les había comido la cabeza para que no quisieran estar con su padre, después de meses de persecución mediática, de aparecer en los medios de comunicación como la mala, como una madre que estaba secuestrando a sus hijos, la justicia la obligó a devolverlos a su agresor. La justicia no solo la dejó sola, la convirtió en la culpable.

Una justicia que defiende al agresor y castiga a la madre protectora no es una justicia decente, no es una justicia en la cual las mujeres podamos confiar, hay algo que repetimos mucho en estos casos y que no me cansaré nunca de decir, un maltratador jamás será un buen padre.

El mensaje es claro, el poder judicial no admite que una mujer cuestione la autoridad patriarcal, mucho menos si lo hace desde el rol de madre. Juana fué sentenciada por sustracción de menores, como si protegerlos de un padre violento fuera un crimen. Se la presentó como manipuladora, como loca, como irresponsable, en una estrategia tristemente común de destruir la credibilidad de las madres que denuncian.

El “interés superior del menor”, es papel mojado en los juzgados, los derechos de la infancia han sido pisoteados. Los informes psicológicos que alertaban del sufrimiento de los niños fueron ignorados. Sus voces, silenciadas. ¿Dónde está la aplicación del principio del “interés superior del menor”? ¿En qué momento dejó de importar la salud emocional, la seguridad o el entorno afectivo de los niños para priorizar el “derecho” del padre a ejercer su poder, incluso cuando ha sido condenado por ejercerlo con violencia?

Esta justicia no protege a los menores, los revictimiza. Los convierte en botín judicial, en herramientas para castigar a la madre. Es una forma más de maltrato institucional que vulnera convenios internacionales como la Convención sobre los Derechos del Niño, que España ha ratificado, pero no cumple.

¿Cómo puede un país que presume de la protección de la infancia y los derechos humanos se mantenga impasible mientras una madre es obligada a entregar a su hijo al hombre que ella misma denunció por maltrato? ¿Dónde está la ministra de Infancia? ¿Dónde está el Gobierno progresista que prometía no dejar a nadie atrás? Pues bien, aquí, callado, inmóvil, escondido (una vez más) tras una retórica vacía, mientras se consuma una injusticia en pleno siglo XXI, Daniel (el hijo menor de Juana) ha pedido ayuda, ha escrito cartas denunciando maltrato por parte de su padre, golpes, insultos y amenazas ha pedido auxilio a la ONU, save the children y al gobierno de España pero nadie está haciendo nada.

La pasividad del Ministerio de Infancia es inaceptable. Es una traición a todas las madres que luchan por la seguridad de sus hijos. No basta con campañas vacías ni con tuits en días señalados hacen falta acciones, respaldo, valentía. Y eso brilla por su ausencia.

El caso de Juana Rivas debería estar sacudiendo los cimientos del Estado. Debería provocar dimisiones, manifestaciones, reformas legales urgentes. Pero no. Se prefiere el silencio cómplice, la burocracia inmoral y el abandono institucional. Se opta por la comodidad de no enfrentarse a la mafia judicial y al poder patriarcal que sigue mandando en los juzgados de familia.

Este gobierno, y en particular su Ministerio de Infancia, han fracasado estrepitosamente. Han elegido mirar hacia otro lado mientras una madre es castigada por proteger. Que nadie se llene la boca de feminismo mientras Juana Rivas siga siendo tratada como una delincuente y no como lo que es, una madre valiente, una víctima del sistema.

Basta ya de hipocresía. Basta ya de cinismo institucional. La historia no olvidará esta vergonzosa dejación de funciones. Y nosotras, tampoco.

El castigo ejemplarizante y el odio institucional hacia las mujeres que luchan es una advertencia directa del sistema judicial a todas las mujeres, no te atrevas a romper el silencio, no te atrevas a proteger a tus hijos, no te atrevas a cuestionar el poder de un hombre. Porque si lo haces, el Estado caerá sobre ti con todo su peso. No importa que tengas razón. No importa que lo hagas por amor. Serás juzgada, humillada y castigada.

Este caso como muchos otros es una vez mas una amenaza del patriarcado hacia las mujeres que nos deja claro y nos dice que ellos siempre van a ganar, pero el movimiento feminista no va a permitir que esto suceda, que España ya es otra ya lo demostramos hace varios años, que el movimiento feminista puede cambiarlo todo también, hay algo que quiero dejar claro, algo que quiero decirle a Juana y a todas las mujeres que estén pasando por algo parecido, no estáis solas.

Este castigo ejemplarizante no es casualidad. Es parte de una estructura que protege al agresor y sacrifica a la mujer. Se repite en cientos de casos, especialmente en los procesos de custodia, donde el llamado “Síndrome de Alienación Parental” (que por cierto no existe y no lo digo yo lo dice la ONU) se sigue utilizando para deslegitimar las denuncias de maltrato y quitar la custodia a madres protectoras. Juana es solo una de muchas. Basta de complicidad institucional.

Es urgente y necesario denunciar, alto y claro, que el poder judicial español sigue siendo un bastión del machismo. Un espacio donde los estereotipos de género pesan más que los derechos humanos. Donde las mujeres siguen sin ser creídas. Donde los hijos son instrumentos y no sujetos de derechos.

Juana Rivas no es una criminal. Es una madre que lleva años intentando proteger a sus hijos frente a un sistema que no los protege. No podemos seguir tolerando una justicia que actúa contra las mujeres y contra los niños/as, una justicia ciega al dolor, sorda a la verdad y obediente al poder patriarcal.

Es hora de una transformación profunda. No de maquillajes legales, sino de una revolución feminista. Porque mientras la ley se siga aplicando sin humanidad ni perspectiva de género, seguirá siendo injusticia.

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