Basta ya de repartirse los cargos en despachos y despellejarse en las redes sociales. Si queremos frenar a la derecha y a la extrema derecha, toca poner sobre la mesa lo que de verdad le preocupa y le importa a la gente, y que sean ellos y ellas los que voten.
El pasado sábado Irene Montero dio el paso y se presentó como candidata de Podemos para las próximas elecciones generales. Pero no lo hizo de cualquier manera: soltó la noticia del año proponiendo unas primarias abiertas a toda la izquierda, para que se presente y vote quien le dé la gana, sea o no de Podemos. Irene hizo temblar el tablero político.
Ahora la pelota está en el tejado de los demás. ¿Se van a presentar otras candidaturas? ¿O seguiremos con el lío de siempre? Porque hablar de «unidad» habla todo el mundo, pero una cosa es hablar y otra dar el paso.
De la ilusión de Unidas Podemos al desastre de Sumar
La famosa unidad ya se consiguió en su día con Unidas Podemos y demostró que se podía plantar cara. Lo que vino después con Sumar fue justo el manual de cómo no hacer las cosas. Aquello se convirtió en una feria de vetos a compañeros y compañeras de Podemos, de apartar y dejar sin voz a gente que se había dejado la piel en el Gobierno, y de un maltrato continuo que no solo afectó a las filas moradas, sino a otras formaciones.
El resultado lo vimos todos: primero Podemos tuvo que salirse porque aquello era irrespirable, y luego otros partidos terminaron apartándose. De aquellos barros, estos lodos. Unir no puede ser tragar con vetos en un despacho ni hacerle la jugada al de al lado para quitarle el puesto.
Primero el programa: qué coño vamos a hacer
Por eso, antes de hablar de quién va en la foto, hay que responder a una pregunta muy sencilla: ¿unir la izquierda para qué?
Unir por unir, para rascar tres sillones y luego no cambiar nada, no le sirve a nadie en el barrio. Por eso el acierto de la propuesta de Montero es poner la carne en el asador con las cosas claras antes de hablar de nombres. Un programa con cinco medidas concretas para la gente corriente:
1. Salario Mínimo a 1.800 euros: Para que llegar a fin de mes deje de ser un deporte de riesgo.
2. Jornada laboral de 30/35 horas: Trabajar para vivir, no vivir para trabajar.
3. Intervenir el mercado de la vivienda: Bajar los precios del alquiler y prohibir la especulación con algo que es un derecho.
4. Paz y no a las armas: Ni un euro de nuestros impuestos para financiar guerras ni inflar el gasto militar.
5. Frenar la emergencia climática y defender los servicios públicos: Sanidad y educación con sueldos dignos para sus profesionales.
Una vez acordado esto, el mensaje es claro: «Mira, esto es lo que proponemos hacer si gobernamos. ¿Quién se apunta?». Y a partir de ahí, votación abierta, sin trampa ni cartón. Que sean los ciudadanos y ciudadanas quienes elijan las listas con su voto y no cuatro dirigentes encerrados en una habitación.
El camino ya se ha abierto: de Rufián al País Valencià
Esto no surge de la nada. Hay que recordar a Gabriel Rufián, que en su momento fue uno de los pioneros en defender esto mismo: salir de gira, hablar con unos y otros y proponer listas unitarias de la gente de izquierdas para aglutinar el voto y no perder escaños tontamente por culpa del sistema electoral. Por cierto, ¿Rufián se atreverá a presentarse?
Y no es una utopía. Ahí tenemos el ejemplo reciente en el País Valencià, donde se ha logrado un acuerdo entre Podemos, Compromís e Izquierda Unida a base de reunirse, hablar de frente y mantener las buenas formas, sin las puñaladas por la espalda que vimos en Sumar.
Si en la calle la gente está harta de que la derecha y la extrema derecha vayan ganando terreno, la solución no es lamentarse. La solución es dar la voz a la gente, poner las propuestas por delante y volver a hacer política de la buena.






