El Estado genocida de Israel intercepta la flotilla: Europa calla, España abandona

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Mientras el mundo mira hacia otro lado, Israel vuelve a violar el derecho internacional con total impunidad. Esta vez, interceptando la Global Sumud Flotilla, una misión humanitaria compuesta por más de 500 activistas de 44 países que pretendía romper el bloqueo ilegal sobre Gaza y entregar ayuda médica, alimentos y material escolar.
La escena es tan predecible como indignante: buques israelíes rodeando embarcaciones civiles en aguas internacionales, cortando comunicaciones, realizando maniobras peligrosas, amenazando con hundir barcos. Todo mientras los gobiernos europeos, incluido el español, se limitan a emitir recomendaciones tibias y lavarse las manos. El buque español Furor, presente en la zona, se ha replegado para evitar “choques directos” con Israel. ¿Choques? ¿Con quién? ¿Con un Estado que está a punto de asaltar una misión pacífica y desarmada?
La Flotilla, que incluye figuras como Greta Thunberg y dirigentes de Podemos, ha declarado estado de emergencia ante el inminente ataque. Y no es para menos: Israel ha desplegado fuerzas de élite, ha preparado centros de detención y tribunales exprés para los activistas, y ha anunciado que algunos barcos serán hundidos.


Todo esto ocurre mientras Gaza sigue siendo un cementerio abierto: más de 66.000 personas asesinadas en dos años de ofensiva militar declaradas, que serán muchísimas mas, con la Corte Internacional investigando por genocidio. Y sin embargo, Europa calla. España calla. Italia y España retira su fragata. Grecia pide que se entregue la ayuda a la Iglesia. ¿Dónde está la diplomacia? ¿Dónde está la defensa de los derechos humanos?
La Flotilla no es solo una misión humanitaria. Es un acto de dignidad frente a la barbarie. Es un grito colectivo que dice: no en nuestro nombre. Y cada gobierno que hoy se esconde tras excusas diplomáticas está dejando claro que su compromiso con la justicia termina donde empieza el chantaje geopolítico.


Israel no tiene jurisdicción sobre esas aguas. No tiene derecho a interceptar barcos civiles. No tiene legitimidad para imponer un bloqueo que condena a millones de personas al hambre, al trauma y al exterminio. Y cada vez que lo hace, lo hace con el aval silencioso de quienes deberían estar defendiendo la legalidad internacional.
Hoy, más que nunca, toca señalar a los cómplices. Porque el genocidio no se perpetra solo con bombas. También con silencios.

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