Más de medio centenar de docentes han decidido encadenar el inicio del curso escolar a un gesto de dignidad y rebeldía. Bajo el lema “Marea Palestina: la educación contra el genocidio”, profesoras y profesores se han encerrado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid para lanzar un mensaje claro al Gobierno: no se puede mirar hacia otro lado mientras continúe la masacre en Palestina.
El profesorado movilizado exige la aprobación inmediata de un embargo total de armas —que incluya la compra, venta y tránsito en territorio español— mediante Decreto Ley, así como la ruptura inmediata de las relaciones diplomáticas y comerciales con Israel. Sus demandas no son gestos simbólicos, son medidas concretas para cortar la complicidad del Estado español con un genocidio que ya ha dejado miles de muertes y un país arrasado.
La educación toma partido
La acción subraya que la escuela no es un espacio neutro ni puede refugiarse en la falsa idea de “normalidad” mientras miles de niños palestinos mueren bajo los escombros. El profesorado que se ha encerrado lo ha dejado muy claro: la educación debe ser una herramienta de conciencia y lucha, no un mecanismo de silencio y adaptación a la barbarie.
Mientras las instituciones pretenden inaugurar el curso como si nada ocurriera, estas y estos docentes han roto el guion: no habrá normalidad mientras se sostiene con armas españolas un régimen de ocupación y exterminio.
Romper el muro de indiferencia
La iniciativa de Marea Palestina busca arrastrar a más sectores sociales a dar un paso adelante. El encierro no es solo una denuncia: es una invitación abierta a la comunidad educativa, a la juventud y a la clase trabajadora para convertir la indignación en organización y presión política real.
En un país donde las imágenes de la devastación en Gaza aparecen y desaparecen de los telediarios según convenga, este acto de resistencia marca un contrapunto: el profesorado planta cara al silencio cómplice.
“No es normal empezar el curso con normalidad”
Ese es el lema que atraviesa la acción. Y tienen razón: no hay normalidad posible en las aulas mientras las bombas caen sobre escuelas y hospitales en Palestina. No hay normalidad posible si el Gobierno continúa con la hipocresía de condenar la violencia mientras mantiene relaciones comerciales con quienes la ejecutan.
El encierro en el Círculo de Bellas Artes es un recordatorio de que la solidaridad no es un gesto vacío ni un tuit indignado. Es un acto político que exige consecuencias. Y hoy, son los docentes quienes han encendido la chispa
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