Hoy me apetece reflexionar con vosotros/as sobre el metro de Madrid, que se ha convertido en una pesadilla diaria y la culpa tiene nombre y apellidos, Isabel Díaz Ayuso.
Quien quiera entender lo que significa Isabel Díaz Ayuso para Madrid, que baje al metro. Ahí está todo, abandono, caos, improvisación y un desprecio constante hacia la gente que se supone que representa. No hacen falta discursos ni ruedas de prensa, basta con subirse a un vagón para comprobar lo poco que le importan los/as madrileños/as a su presidenta.
Trenes que no llegan, andenes abarrotados, averías constantes, escaleras mecánicas y ascensores parados durante semanas… y mientras tanto, la presidenta presume en televisión de lo bien que funciona todo. ¿De verdad nos toma por tontos/as?
Quienes usamos el metro sabemos la verdad, llegar a tiempo al trabajo o a clase es casi un milagro, el calor dentro de los vagones es insoportable, los retrasos son constantes, dentro de los vagones, y en estos dias también fuera de ellos, estamos como en latas de sardinas, la sensación de abandono es absoluta. Pero no pasa nada, somos clase trabajadora, y para ella, nuestro tiempo y nuestra dignidad no importaran.
Mientras el metro colapsa, se nos intenta convencer de que vivimos en una capital moderna y eficiente. La propaganda se impone a la realidad, pero la realidad termina explotando en la cara de millones de usuarios que sienten que no importan.
Ayuso entiende el transporte público como un gasto molesto, (ella nunca y los suyos no lo necesitan). Por eso el metro se pudre lentamente, porque para este gobierno la incomodidad diaria de los/as ciudadanos/as nuestro tiempo y nuestra dignidad no tienen el más mínimo valor frente al rédito político del eslogan fácil.
Y si hablo del metro no me puedo olvidar de mencionar la línea 7B y su nefasta gestión que está causando daños irreparables en las vidas de los y las vecinas de Coslada y San Fernando De Henares.
Las grietas en las casas, los desalojos forzados, la angustia diaria de no saber si tu vivienda será la siguiente en ser demolida… todo esto no es fruto del azar, sino de una gestión negligente y chapucera por parte de los gobiernos autonómicos del Partido Popular. La Comunidad de Madrid lleva años mirando hacia otro lado, ocultando su responsabilidad y dejando que sean los vecinos y vecinas quienes paguen las consecuencias de unos errores técnicos y políticos que nunca debieron producirse.
Los afectados de la 7B no solo han perdido su hogar, también han sido víctimas de una administración que promete soluciones que nunca llegan, que improvisa parches en lugar de dar respuestas reales y que, en definitiva, demuestra un desprecio absoluto por los derechos más elementales de la ciudadanía.
Esto no es un error técnico, es una estafa política. Han destrozado un barrio entero y van camino de destrozar dos municipios completos, pero en lugar de reparar el daño, se dedican a la propaganda y a la mentira. Los/as vecinos y vecinas merecen justicia, no migajas ni excusas. La Comunidad de Madrid ha convertido una infraestructura pública en una máquina de arruinar vidas.
Ayuso puede seguir con su propaganda y sus fotos, pero la realidad la sufrimos nosotros/as, los/as que tenemos que soportar un servicio público que se cae a pedazos por su falta de inversión y de interés. Lo que ocurre en el metro es una vergüenza, un reflejo del desprecio de este gobierno hacia los/as madrileños y madrileñas.
El enfado de estos días de todas las personas que utilizamos el metro es legítimo, porque cada minuto perdido en un andén abarrotado es un recordatorio de que este gobierno de Ayuso nos toma por tontas/os.
Una de las cosas que me parece muy indignante de todo esto es que nos quieren convencer de que no hay alternativa, de que todo “es lo que hay”. Pero no, lo que hay es un gobierno que desprecia a su gente y la alternativa es clara, votar a favor de los servicios públicos en 2027. El metro es solo otra cosa mas de la mala gestion de esta señora y de sus ya famosas politicas de destrucción de lo común.
Ya basta de excusas, queremos un metro que funcione, somos los/as ciudadanos y ciudadanas quienes pagamos el precio en tiempo, en dinero y en paciencia, mi reflexión es clara:
NO TODAS LAS PERSONAS TENEMOS LAS MIMAS 24 HORAS.
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Catalunya no necesita racistas, necesita derechos.







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