España se rompe… por la desigualdad que nadie quiere revertir

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Mientras los titulares se llenan de ruido, el IX Informe FOESSA nos recuerda lo que de verdad importa: 4,3 millones de personas viven en exclusión severa. No hablamos de cifras abstractas, hablamos de familias que no pueden pagar el alquiler, jóvenes que encadenan contratos precarios, mayores que eligen entre comer o encender la calefacción. Y lo más grave: no se está haciendo nada serio para revertir esta situación.
Los precios de la vivienda se han disparado. Con los sueldos actuales, llegar a fin de mes es una hazaña. El mercado está completamente desregulado, y las medidas que podrían poner freno —como el control de alquileres o la movilización de vivienda vacía— se bloquean sistemáticamente. ¿Por quién? Por el propio Gobierno que se dice progresista.


Podemos ha sido la única fuerza que ha puesto sobre la mesa propuestas valientes: control de precios, parque público de vivienda, reforma fiscal para que los que más tienen contribuyan más. Pero estas medidas no avanzan porque el PSOE y Sumar las frenan, las diluyen o directamente las vetan. ¿De qué sirve hablar de justicia social si se impide legislarla?
Tener trabajo ya no es sinónimo de estabilidad. El informe FOESSA lo deja claro: el empleo precario y mal pagado es una de las principales causas de exclusión. ¿Dónde están las reformas laborales que prometían acabar con esto? ¿Dónde está el compromiso real con los trabajadores?
No es la diversidad, ni los derechos de las minorías, ni las luchas feministas lo que rompe España. Lo que la rompe es la desigualdad estructural, el abandono de millones de personas, y la traición a los principios de la izquierda. Porque ser de izquierdas no es posar en mítines, es transformar la vida de la gente.

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