Feijóo y la inmigración: cuando el oportunismo político pesa más que la realidad

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El PP vuelve a convertir la inmigración en un arma electoral

La inmigración ha vuelto a ocupar el centro del debate político español. En esta ocasión, ha sido Alberto Núñez Feijóo quien ha reabierto la polémica al afirmar que España necesita inmigrantes para sostener su economía, pero rechazando al mismo tiempo la inmigración irregular y apostando por endurecer las políticas migratorias.

El mensaje pretende transmitir firmeza, pero deja al descubierto una contradicción difícil de justificar. ¿Cómo puede un país reconocer que necesita mano de obra extranjera mientras criminaliza o margina a miles de personas que ya viven, trabajan y contribuyen a la sociedad?

Más que ofrecer soluciones, el líder del Partido Popular parece buscar un equilibrio entre las necesidades económicas y la presión de una parte de su electorado, cada vez más influido por el discurso de la extrema derecha.

Una contradicción que evidencia la falta de un proyecto

España afronta importantes retos demográficos. El envejecimiento de la población, la falta de relevo generacional y la escasez de trabajadores en sectores como la agricultura, la hostelería, los cuidados o la construcción son una realidad ampliamente reconocida.

Sin embargo, el discurso de Feijóo plantea una paradoja: se admite que el país necesita inmigración, pero se rechaza una parte importante de quienes ya forman parte del tejido económico y social.

La consecuencia es un mensaje ambiguo que alimenta la desconfianza hacia las personas migrantes en lugar de impulsar políticas eficaces para ordenar los flujos migratorios, facilitar la integración y combatir la explotación laboral.

La inmigración no es el problema

Durante demasiados años, una parte de la derecha española ha utilizado la inmigración como herramienta de confrontación política.

Cuando existen dificultades para acceder a una vivienda, encontrar un empleo digno o recibir una atención sanitaria adecuada, resulta mucho más sencillo señalar a un colectivo vulnerable que afrontar las causas estructurales de esos problemas.

Sin embargo, la precariedad laboral, el elevado precio de la vivienda, la pérdida de poder adquisitivo o el deterioro de los servicios públicos no son consecuencia de la inmigración. Son el resultado de decisiones políticas y económicas acumuladas durante años.

Convertir a las personas migrantes en chivo expiatorio solo genera división social y desvía la atención de los verdaderos responsables de esas dificultades.

Derechos humanos y responsabilidad institucional

Toda política migratoria debe combinar orden administrativo con respeto a los derechos humanos.

Eso implica perseguir las mafias que trafican con personas, reforzar los mecanismos de acogida y garantizar procedimientos legales eficaces, pero también proteger la dignidad de quienes buscan una oportunidad para vivir y trabajar.

El debate político pierde calidad cuando se simplifica hasta convertir a miles de personas en un problema de seguridad o en una amenaza para la convivencia.

Las instituciones tienen la responsabilidad de ofrecer soluciones reales, no de alimentar el miedo.

Un discurso condicionado por la competencia con Vox

El endurecimiento del discurso migratorio del Partido Popular también puede interpretarse como una respuesta al crecimiento electoral de Vox.

En lugar de marcar diferencias claras, el PP ha optado en numerosas ocasiones por aproximarse a planteamientos cada vez más duros sobre inmigración, identidad nacional o control fronterizo.

Esta estrategia puede resultar rentable a corto plazo desde un punto de vista electoral, pero también contribuye a desplazar el debate público hacia posiciones más polarizadas.

Cuando los grandes partidos compiten por quién ofrece el mensaje más duro, el espacio para el consenso y las soluciones prácticas se reduce considerablemente.

España necesita una política migratoria seria

España necesita una política migratoria basada en datos, planificación y derechos.

Eso significa reforzar las vías legales de entrada, agilizar los procesos administrativos, combatir la explotación laboral, facilitar la integración y responder a las necesidades reales del mercado de trabajo.

También implica abandonar los discursos simplistas que presentan la inmigración únicamente como un problema.

La realidad es mucho más compleja. Miles de personas migrantes sostienen sectores esenciales de la economía española, pagan impuestos, cotizan a la Seguridad Social y forman parte de nuestras ciudades y barrios.

Conclusión

Las declaraciones de Alberto Núñez Feijóo reflejan una tensión entre el reconocimiento de una necesidad económica y la voluntad de mantener un discurso de firmeza en materia migratoria.

Ese equilibrio puede resultar políticamente útil, pero difícilmente ofrece respuestas a uno de los grandes desafíos que afronta España.

La inmigración exige políticas responsables, coordinación institucional y respeto por los derechos fundamentales. Reducir el debate a mensajes que enfrentan a unos ciudadanos con otros no resuelve los problemas del país.

Si España necesita inmigración para mantener su economía y afrontar su reto demográfico, el verdadero debate debería centrarse en cómo construir un sistema ordenado, justo y eficaz, no en convertir a las personas migrantes en el centro de una confrontación política permanente.

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