Cada año, como un patrón que se repite con escalofriante precisión, los meses de verano y las fechas festivas traen consigo un repunte en los casos de violencia machista. No es una coincidencia. Es una realidad que se ha documentado durante años, y sin embargo, sigue sin recibir la respuesta institucional que merece. Las víctimas aumentan, los agresores se envalentonan, y el Estado parece mirar hacia otro lado.
¿Dónde está el Ministerio de Igualdad?
Desde la salida de Irene Montero, el Ministerio de Igualdad ha perdido fuerza, presencia y, sobre todo, valentía. Se echa de menos su firmeza, su capacidad para incomodar al poder, y su compromiso inquebrantable con las víctimas. Hoy, el ministerio parece más preocupado por no molestar que por proteger. Las campañas de concienciación han perdido impacto, los recursos se han diluido, y el discurso se ha vuelto tibio. En un momento en que el negacionismo avanza, la tibieza es una forma de complicidad.
El negacionismo de Vox: una amenaza real
No se puede hablar de violencia machista sin señalar el papel destructivo que está jugando Vox en el debate público. Su negacionismo no solo es peligroso, es letal. Al negar la existencia de la violencia de género, al equipararla con “violencia intrafamiliar”, están desmantelando años de lucha feminista y políticas públicas que han salvado vidas. Pero lo más alarmante es el efecto que esto está teniendo en las víctimas más jóvenes.
Las adolescentes y mujeres jóvenes están cada vez más expuestas a relaciones tóxicas, controladoras y violentas. ¿Por qué? Porque el discurso negacionista cala. Porque se les dice que exageran, que “eso no es violencia”, que “los hombres también sufren”. Y mientras tanto, los agresores se sienten legitimados. El resultado: víctimas cada vez más jóvenes, más vulnerables, y más solas.
No es falta de recursos, es falta de voluntad
España tiene los medios, los datos y la experiencia para combatir la violencia machista. Lo que falta es voluntad política. No basta con condenar cada asesinato con un tuit. No basta con poner lazos morados en las solapas. Hace falta acción: educación afectivo-sexual en las aulas, campañas que hablen claro, protección real para las víctimas, y una respuesta institucional que no se esconda detrás del miedo a la ultraderecha.
Basta de mirar hacia otro lado
La violencia machista no sube “porque sí” en verano. Sube porque el sistema falla. Porque los agresores saben que hay impunidad. Porque las víctimas no encuentran refugio. Y porque quienes deberían estar al frente, están desaparecidos.
Es hora de exigir más. Es hora de recuperar el coraje político que representó Irene Montero. Y es hora de decir alto y claro: el negacionismo mata. Y cada día que pasa sin una respuesta firme, el Estado se convierte en cómplice.







