Sumar e IU, responsables de la ruptura en Aragón: una operación sin implantación que sacrifica alianzas que sí funcionaron

0
41

Las elecciones en Aragón llegan marcadas por una ruptura que no nace del territorio ni de las organizaciones que llevan años trabajando en él, sino de una maniobra impulsada por Sumar y secundada por Izquierda Unida. Una maniobra que responde más a obsesiones internas y cálculos de supervivencia que a cualquier proyecto político orientado a mejorar la vida de la gente.
La entrada de Sumar en Aragón, sin estructura real, sin implantación y sin un trabajo previo que lo justifique, ha actuado como un elemento desestabilizador que ha roto una alianza que había demostrado funcionar —y muy bien— en Extremadura. En lugar de aprender de ese éxito, Sumar ha optado por imponer su marca y su estrategia, aunque eso implique dinamitar espacios de unidad que sí daban resultados.

A esta operación se ha unido Izquierda Unida, que lejos de defender el trabajo conjunto realizado en el territorio, ha decidido alinearse con la estrategia de Sumar. IU vuelve a actuar como un partido del régimen del 78: más preocupado por mantener sillones que por impulsar políticas transformadoras.


En lugar de defender alianzas que funcionaban, IU ha preferido plegarse a una operación que muchos ven como los últimos coletazos de una coalición agotada. Su decisión no responde a las necesidades de Aragón, sino a la lógica de supervivencia de una organización que lleva años priorizando su estructura interna por encima del bienestar de la ciudadanía.

La realidad es evidente: Sumar no cuenta con una base social sólida en Aragón. No tiene militancia organizada, ni presencia institucional significativa, ni un trabajo previo que avale su irrupción como actor decisivo. Aun así, ha decidido imponer su marca y sus intereses, desplazando a quienes sí han estado presentes en luchas locales, movimientos sociales y espacios institucionales.


Esta operación no responde a una estrategia electoral coherente, sino a una lógica de control político: ocupar espacios que no han construido y desplazar a Podemos, incluso si eso implica debilitar al conjunto de la izquierda transformadora.

Lo ocurrido en Aragón no es un caso aislado. Sumar ha priorizado la marginación de Podemos por encima de cualquier proyecto colectivo. La dinámica se repite: en lugar de sumar,restan; en lugar de construir, erosionan; en lugar de fortalecer un bloque transformador, lo fragmentan deliberadamente.
La alianza con IU en esta operación solo refuerza esa lectura: una organización que, lejos de actuar con visión de futuro, se aferra a su estructura como si fuera un fin en sí mismo.

La ruptura en Aragón evidencia algo más profundo: Sumar no ha logrado consolidarse como un proyecto estable. Su estructura es débil, su cohesión interna es frágil y su estrategia territorial es errática. La obsesión por desplazar a Podemos se ha convertido en su principal seña de identidad, pero también en el síntoma más claro de su desgaste.
Mientras tanto, quienes sí han trabajado en el territorio ven cómo se deshacen alianzas valiosas por decisiones tomadas desde despachos alejados de la realidad aragonesa.

Lo ocurrido en Aragón no es solo un error político:es la confirmación de que Sumar y IU actúan como factores de ruptura, no de unidad. Su intervención sin implantación, su obsesión por desplazar a Podemos y la lógica de supervivencia interna que guía sus decisiones explican por qué una alianza que funcionó en Extremadura hoy está en riesgo.

Publicidad

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí