Gaza: entre las bombas y el hambre, el silencio cómplice del gobierno español

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Mientras Gaza se desmorona bajo el peso de los bombardeos, la otra cara del genocidio se manifiesta en forma de hambre. Según la Clasificación Integrada de Fases de la Seguridad Alimentaria (CIF), respaldada por la ONU, más de 1,8 millones de personas enfrentan niveles de hambre “extremadamente críticos”. 470.000 personas están en riesgo de hambruna total. En julio de 2025, la desnutrición aguda en niños menores de cinco años se ha más que duplicado, y uno de cada diez presenta signos graves.

En solo un día, 14 personas murieron por inanición, elevando el total a 147 fallecidos por hambre, incluidos 88 niños. Y mientras esto ocurre, más de 60.000 gazatíes han muerto por los bombardeos israelíes desde octubre de 2023. La ofensiva ha destruido más del 60% de los edificios, 87% de las escuelas y 52% de los hospitales. La infraestructura civil está colapsada, y el acceso a agua potable y alimentos es prácticamente inexistente.

La ayuda humanitaria, lejos de ser una solución, se ha convertido en una trampa mortal. Más de 1.000 personas han sido asesinadas mientras intentaban acceder a puntos de distribución de alimentos. El Programa Mundial de Alimentos advierte que solo 20 a 30 camiones logran entrar a Gaza cada día, cuando se necesitan al menos 500 diarios. La ONU exige una entrada “masiva y sostenida” de ayuda, pero Israel continúa bloqueando los accesos.

Y ante este panorama, ¿qué hace el gobierno español? Nada que no sea diplomáticamente cómodo. Mientras 28 países, entre ellos Francia y Reino Unido, exigen el fin de la guerra, España se limita a declaraciones tibias, sin condenas firmes ni acciones concretas. No ha exigido el levantamiento del bloqueo, ni ha liderado iniciativas humanitarias significativas. Su pasividad no es neutralidad: es complicidad.

El pueblo español merece un gobierno que defienda los derechos humanos con claridad. No basta con expresar “preocupación” mientras miles mueren. España debe posicionarse con firmeza. Callar es tomar parte. Y hoy, el silencio del gobierno español resuena en cada grito que emana de Gaza.

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