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14 años después

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[[File:RealSantanderRC 1923.png|RealSantanderRC_1923]]

En el fútbol hay equipos que todo el mundo quiere ver en Primera División, por su afición, por su estadio, por su historia. Y no me equivoco si digo que uno de ellos es el Racing de Santander.

Alineación del Real Racing Club de Santander en 1922

Ayer, 14 años después, el conjunto santanderino volvió a Primera. 14 años deambulando por un auténtico infierno, no solo en lo deportivo, también en lo institucional.

En el 2012, el Racing dijo adiós a Primera, quedando último con tan solo 27 puntos. Bajaba uno de los clubes fundadores, uno de los equipos más queridos por los amantes del fútbol.

Al año siguiente, en el 2013, ya en Segunda División se llevó otro revés: el equipo acabó antepenúltimo, lo que hizo que perdiese la categoría y cayese a Segunda B.

El Racing estaba viviendo un auténtico infierno. A pesar de que al año siguiente volvieron a segunda, solo les duró un año; en el 2015 volvieron a bajar.

Así estuvieron hasta la temporada 2021/2022 deambulando entre la Segunda División y la Segunda B. Ese año consiguieron estabilizarse en la Segunda División del fútbol español; hasta ayer, cuando por fin consiguieron su ansiado ascenso a Primera, sin lugar a dudas, el sitio donde merecen estar.

Y no solo ha sido un infierno en lo deportivo, también en lo institucional. El Racing ha pasado por impagos, rebelión de la plantilla y hasta estafas internacionales.

En 2011 Alí Syed compró el club. La operación no pudo salirle peor al Racing. Alí Syed dejó de pagar; sus empresas estaban investigadas por todo el mundo, e incluso la Interpol lo buscaba por estafas. Alí huyó de España, dejando el club con una deuda enorme y obligándolo a acogerse a la Ley Concursal para evitar el descenso administrativo.

Y esto no acabó aquí. El club acabó en manos de Ángel Lavín, que continuó hundiendo al equipo. En 2014 la plantilla se plantó, y esta imagen dio la vuelta al mundo. En cuartos de la Copa del Rey, la plantilla decidió no jugar contra la Real Sociedad en protesta por los impagos del club y pidiendo la dimisión del presidente y la directiva. El partido contra la Real empezó, y los jugadores del Racing se juntaron en el centro del campo mientras se abrazaban. El partido se suspendió, pero la presión fue tan grande que esa misma noche la directiva dimitió.

Tras esto, el club pasó a ser gestionado por exjugadores y por miles de aficionados que compraron acciones, lo que llevó a que el Racing se estabilizase económicamente.

14 años de auténtico sufrimiento, de estar al borde de la desaparición. Por eso, ayer, tras el pitido final, pudimos ver la emoción de los jugadores y la afición, que no pudo contener sus lágrimas. Por fin pudieron celebrar que el Racing volvía a Primera, dejando atrás un auténtico infierno.

El mundo del fútbol hoy llora de alegría, enhorabuena al Racing y a su afición, nos vemos el año que viene en primera.

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Quince años del 15M: la noche en que una protesta se convirtió en movimiento

15-M

Madrid, 14 de mayo de 2026. Mañana se cumplen quince años del 15M, una fecha que ya forma parte de la memoria política reciente de España. Lo que comenzó como una manifestación convocada bajo el lema “Democracia Real Ya. Toma la calle. No somos mercancía en manos de políticos y banqueros” terminó convirtiéndose en un ciclo de movilización que desbordó los cauces habituales de la protesta y modificó el lenguaje político de una generación.


El 15 de mayo de 2011, miles de personas salieron a la calle en Madrid en un contexto marcado por la crisis económica, el desempleo, los recortes, la desafección política y la percepción de que las instituciones no respondían al malestar social. Según la base de datos propia revisada con más de 7.500 eventos de protesta documentados en la calles de Madrid en 25 años del siglo XXI, aquella primera protesta reunió a 18.000 personas. La marcha salió de Cibeles en dirección a la Puerta del Sol, que pronto dejaría de ser solo un lugar de paso para convertirse en el centro simbólico del movimiento.


La cabecera llegó a Sol hacia las 19:30 horas. Más tarde, en torno a las 21:15, se produjeron cargas policiales en zonas como Tirso de Molina y Callao. Hubo 19 detenidos y varios heridos. Pero la represión no cerró la protesta: la abrió. Tras las cargas, un pequeño grupo decidió quedarse en la Puerta del Sol. Primero fueron alrededor de un centenar de personas. Aquella permanencia nocturna, aparentemente improvisada, dio origen a la acampada y, con ella, al movimiento de los indignados. Esa noche volvieron a se desalojados.
En los días siguientes, las redes sociales jugaron un papel decisivo. El 16 de mayo comenzaron a circular mensajes que llamaban a volver a Sol. El 17 de mayo, la policía disolvió de madrugada a quienes permanecían en la plaza, pero el intento de expulsión produjo el efecto contrario: multiplicó la convocatoria. Esa misma tarde, Sol volvió a llenarse. Según el registro, alrededor de 1.000 personas se quedaron a dormir. Nacían las asambleas, los turnos de palabra, los grupos de trabajo y una forma de participación que desbordaba la lógica clásica de partido, sindicato o asociación.


El 15M no fue únicamente una protesta contra la crisis económica. Fue, sobre todo, una impugnación moral y política de la forma en que se estaba gestionando la crisis. Sus lemas condensaban ese diagnóstico: “Lo llaman democracia y no lo es”, “No nos representan”, “Esta crisis no la pagamos”, “No hay pan para tanto chorizo”. En ellos aparecía una crítica doble: contra la subordinación de la política a los mercados y contra una representación institucional percibida como distante, cerrada y poco sensible a la ciudadanía.
La Puerta del Sol se convirtió entonces en un laboratorio democrático. Allí se ensayaron formas de deliberación colectiva, se organizaron comisiones, se discutieron propuestas y se produjo una intensa reapropiación del espacio público. Durante semanas, la plaza fue algo más que una plaza: fue foro, campamento, ágora, escuela política y escenario de una nueva cultura de protesta. La acampada fue levantada el 12 de junio de 2011, después de 28 días, bajo un lema que resumía la estrategia posterior: “No nos vamos, nos expandimos”.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió. El 15M se extendió a barrios, pueblos, ciudades y luchas sectoriales. La base analizada registra 245 protestas vinculadas al ciclo 15M entre 2011 y 2022. En 2011 aparecen 68 protestas; en 2012, 80; en 2013, 58, que fueron analizadas y registradas. El movimiento se diversificó: vivienda, desahucios, sanidad pública, educación, deuda, banca, corrupción, reforma laboral, represión policial y defensa de derechos sociales. La protesta dejó de concentrarse únicamente en Sol y empezó a desplazarse hacia juzgados, sedes bancarias, ministerios, barrios, hospitales, sedes de partidos y marchas sobre Madrid.


El derecho a la vivienda se convirtió en una de las derivaciones más significativas. Las acciones contra desahucios, los escraches y las protestas ante bancos mostraron que el 15M había pasado de la indignación general a la intervención concreta sobre conflictos sociales. También las mareas ciudadanas, especialmente la Marea Blanca en defensa de la sanidad pública, o las Marchas de la Dignidad, expresaron esa capacidad de transformar el malestar en organización.


Quince años después, el 15M puede leerse como un acontecimiento fundacional de una nueva etapa de protesta en España. No produjo un único movimiento cerrado, sino una constelación de prácticas, lenguajes y repertorios. Su herencia no está solo en sus efectos electorales o institucionales, sino en haber devuelto al centro de la vida pública una idea sencilla y poderosa: que la ciudadanía puede ocupar la calle para hacerse visible, deliberar y disputar el sentido de la democracia.
Mañana, 15 de mayo de 2026, el aniversario no recuerda solo una manifestación. Recuerda el momento en que una protesta se quedó a dormir en una plaza y, al hacerlo, despertó una época.

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Neutralidad es Complicidad

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Durante décadas, la frase «no mezcles política con deporte» fue el mantra cómodo de las instituciones y patrocinadores. Se buscaba un espectáculo aséptico, donde el deportista fuera simplemente un cuerpo en movimiento, una herramienta de entretenimiento sin voz ni ideología. Sin embargo, ese tiempo ha pasado. En un mundo hiperconectado y fracturado, la neutralidad ya no es una opción de perfil bajo, sino que a menudo se interpreta como una forma de complicidad.

El caso de Lamine Yamal: La naturalidad de una causa

Recientemente, hemos visto a Lamine Yamal, la joven estrella del FC Barcelona y de la selección española, portando la bandera de Palestina durante las celebraciones de la Liga 2026. Este gesto, cargado de simbolismo, no fue una anécdota. Para un jugador que representa la diversidad de una Europa moderna —con raíces en Marruecos y Guinea Ecuatorial—, posicionarse no es «hacer política» en el sentido partidista; es expresar una identidad y una sensibilidad humanitaria ante un genocidio que sacude la conciencia global.

El impacto de Yamal es masivo. Cuando un icono de 18 años, con millones de seguidores, decide que su alegría no puede ser indiferente al sufrimiento ajeno, está enviando un mensaje de empatía que llega donde los boletines de noticias fracasan.

Borja Iglesias: La normalidad como acto de rebeldía

En un entorno históricamente masculinizado y conservador como el fútbol, la figura de Borja Iglesias ha emergido como un faro de valentía frente a la homofobia. El «Panda» no solo ha utilizado sus redes sociales para denunciar insultos LGTBIfóbicos —como ocurrió tras un incidente en Sevilla a principios de 2026—, sino que ha hecho de su propia estética un manifiesto. Al pintarse las uñas o llevar complementos que rompen con los estereotipos tradicionales, Iglesias lanza un mensaje directo: la libertad individual no debería ser noticia en el siglo XXI. Su célebre campaña «Soy heterosexual» (donde planteaba un mundo donde la heterosexualidad fuera la orientación a «confesar») puso en evidencia el absurdo de la discriminación, recordando que el deporte debe ser un espacio seguro donde cada jugador pueda ser quien es sin miedo al juicio de la grada.

El Racismo: El combate que nace en el césped

El racismo no es un «tema» externo al deporte; es una enfermedad que infecta los estadios cada semana. Figuras como Vinícius Júnior han transformado su dolor en un motor de cambio, obligando a las ligas y a los gobiernos a endurecer las leyes y los protocolos.

¿Por qué es imperante posicionarse?

• Representación: Los deportistas son referentes para millones de niños. Ver a su ídolo señalar el racismo les enseña que el odio no debe ser tolerado.

• Influencia Legislativa: La presión de las estrellas del deporte a menudo acelera decisiones institucionales que los activistas llevan años reclamando.

• Desmantelamiento del privilegio: El silencio de los deportistas que no sufren racismo perpetúa el sistema. La solidaridad activa (el aliado) es lo que realmente genera el cambio.

La responsabilidad de la plataforma

Los críticos argumentan que el deporte debería ser una vía de escape, un refugio frente a la realidad. Pero, ¿puede serlo para un jugador que recibe insultos por su color de piel? ¿Puede serlo para un atleta que ve a su pueblo bajo fuego?

«El deporte tiene el poder de transformar el mundo… tiene el poder de inspirar y de unir a la gente de una manera que pocas otras cosas pueden«. — Nelson Mandela.

Esa unión de la que hablaba Mandela no se logra ignorando los problemas, sino enfrentándolos. El deportista moderno ha entendido que su valor de mercado no solo reside en sus goles o récords, sino en su integridad.

Ya no basta con ser el mejor. En 2026, el liderazgo deportivo se mide también por la capacidad de mirar más allá de las gradas. Gestos como el de Lamine Yamal, el de Borja Iglesias o la lucha contra el racismo de Vinicius demuestran que el deporte es, y siempre será, un reflejo de nuestra sociedad. Y si la sociedad duele, el deporte tiene la obligación moral de no mirar hacia otro lado.

La bandera que hoy ondea en el campo no solo representa a un país o a un club; representa la humanidad de quien la sostiene.

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Almeida perpetúa la cicatriz de la M-30 sobre Vallecas

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Almeida tira por tierra las reivindicaciones vecinales de Puente de Vallecas y Retiro, manteniendo un ‘scalextric’ donde 170.000 vehículos diarios ofrecen ruido, contaminación, segregación y desigualdad.

Víctor Valdés Camacho. Portavoz de Podemos Madrid

El Ayuntamiento de Madrid vuelve a demostrar cuál es su modelo de ciudad: una ciudad pensada para los coches, para la especulación urbanística y para quienes viven lejos de las consecuencias de la contaminación y el ruido. El plan “Vallecas Abierto”, presentado por el Gobierno de José Luis Martínez-Almeida, no es más que una operación de maquillaje político que pretende vender como transformación urbana lo que en realidad supone consolidar uno de los mayores símbolos de desigualdad y segregación de Madrid: el scalextric de la M-30 sobre Puente de Vallecas.

Mientras otras grandes ciudades europeas avanzan hacia modelos más sostenibles, derribando autopistas urbanas y recuperando espacios para la ciudadanía, Almeida decide mantener una infraestructura que soporta el paso de más de 170.000 vehículos diarios. Miles de coches atravesando cada día el corazón de Vallecas significan contaminación atmosférica, ruido constante, problemas de salud y una barrera física que divide barrios y vecinos desde hace décadas. No es progreso: es condenar a Vallecas a seguir siendo el patio trasero de Madrid.

Desde hace años, el movimiento vecinal lleva reclamando una transformación real de este espacio. Asociaciones vecinales, colectivos sociales y entidades del distrito han defendido la necesidad de derribar el scalextric y recuperar ese entorno para la vida, el encuentro y el bienestar de quienes viven allí. Sin embargo, Almeida ha decidido ignorar estas reivindicaciones y lanzar un proyecto unilateral, sin participación ciudadana y sin ofrecer siquiera plazos claros de ejecución. Una vez más, el PP entiende la participación vecinal como un obstáculo y no como un elemento imprescindible para construir ciudad.

La inversión anunciada, de 11,5 millones de euros, evidencia además la falta de ambición del proyecto. Se pretende vender como una gran actuación urbanística lo que no deja de ser una reforma superficial incapaz de resolver el problema estructural. Porque el problema no es cómo decorar el scalextric; el problema es el propio scalextric. Mientras esa infraestructura continúe en pie, continuará también la desigualdad urbana que sufren los barrios del sur y del este de Madrid.

No es casualidad que este tipo de infraestructuras siempre castiguen a las mismas zonas obreras. Vallecas lleva décadas soportando políticas urbanísticas que priorizan el tráfico privado y los intereses económicos frente a la salud y la calidad de vida de la gente trabajadora. Los barrios populares acumulan contaminación, falta de zonas verdes y peores condiciones urbanas mientras las grandes operaciones de transformación y embellecimiento se reservan para otras partes de la ciudad. Madrid sigue funcionando a dos velocidades: una para quienes tienen privilegios y otra para quienes cargan con las consecuencias.

Desde Podemos Madrid y el Círculo de Puente de Vallecas lo tienen claro: cualquier proyecto que quiera mejorar realmente el entorno debe partir de una condición básica, el derribo del scalextric. Todo lo demás son parches destinados a perpetuar el problema y a silenciar temporalmente las protestas vecinales.

«Desde el Círculo de Puente de Vallecas y desde Podemos Madrid, sabemos que la condición de cualquier proyecto de mejora del entorno para el bienestar pasa por derribar el scalextric»

Además, el plan “Vallecas Abierto” nace sin consenso social. Y eso debería hacer reflexionar al Ayuntamiento. Las ciudades no pueden construirse de espaldas a quienes las habitan. Cuando un gobierno municipal impone proyectos sin escuchar a la ciudadanía, está debilitando la democracia y reforzando un modelo autoritario de gestión urbana donde las decisiones se toman desde los despachos y no desde los barrios.

Madrid necesita un modelo urbano radicalmente distinto: menos coches, menos contaminación y más espacios públicos para la convivencia. Necesita inversiones que reduzcan desigualdades y que prioricen la salud de la mayoría social frente a los intereses económicos de unos pocos. Y eso pasa, inevitablemente, por acabar con una infraestructura que simboliza décadas de abandono institucional hacia Vallecas.

Porque no hay “Vallecas Abierto” posible mientras el scalextric siga levantándose como un muro sobre el barrio.

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10 años después.

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El martes, Diario Red publicó que Villarejo había sido condenado a tres años y medio de prisión por el Caso Dina.

Empecemos por el principio: en 2015, a Dina Bousselham le robaron su teléfono móvil en un centro comercial. En su teléfono, aparte de fotos personales o documentos de trabajo, también tenía chats internos de Podemos.

[[File:Pablo Iglesias en agosto 2025 3.jpg|Pablo_Iglesias_en_agosto_2025_3]]

Meses después del robo de su teléfono móvil, parte del contenido apareció publicado en el pseudo medio de Eduardo Inda, OkDiario y en El Confidencial.

En el 2019, durante el registro de la casa de Villarejo, la policía encontró una copia del contenido del teléfono de Dina.

No, no me he olvidado de Pablo Iglesias. Hicieron lo posible para que Iglesias fuese condenado, su nombre apareció en todos lados durante mucho tiempo.

El Caso Dina sirvió para abrir portadas en los medios, llenar horas y horas de tertulias de radio, horas y horas de tertulias en la TV, y todos con un denominador común, atacar a Podemos.

Uno de ellos fue José María Olmo, jefe de investigación de El Confidencial. Este “periodista” fue uno de los que publicó contenido de la tarjeta de Dina y lo utilizó para atacar a Podemos y a Pablo Iglesias.

Tuit de José María Olmo.

Vamos con Eduardo Inda, uno de los grandes capos de las llamadas cloacas del Estado. Este sinvergüenza fue el que más protagonismo le dio a este caso, utilizando su pseudomedio para difundir todo tipo de bulos, y no solo en su medio, Inda fue invitado en varios programas de La Sexta para lanzar sus bulos contra Podemos y Pablo Iglesias.

Noticia de Ok Diario

Hablando de La Sexta, seguramente la cadena que más protagonismo le dio al Caso Dina, horas y horas de tertulias en Al Rojo Vivo y en La Sexta Noche con personajes como el mencionado anteriormente, Eduardo Inda. Ferreras no dudó en darle voz a este tipo de personajes, aun sabiendo lo que era, una máquina de difundir bulos, le dio igual, lo que sea para ir contra Podemos y contra Pablo Iglesias.

Imagen de Al Rojo Vivo

Y podría seguir. Vox puso una querella contra este caso, algo que hizo que el juez pidiese al Supremo la imputación de Pablo Iglesias. Ultras como Javier Negre y su pseudomedio EdaTv, Cristina Seguí, ABC, El Mundo, etc.

Todo esto no hubiese sido posible sin Manuel García-Castellón, el juez encargado de la instrucción del Caso Dina y gran enemigo de Podemos durante todos estos años. Porque sí, todo el lawfare que ha sufrido Podemos durante todos estos años no hubiese sido posible sin jueces como Manuel García-Castellón.

10 años han tenido que pasar para ver esta sentencia sobre Villarejo. 10 años de todo tipo de bulos y difamaciones sobre Podemos, Dina y Pablo Iglesias. Nadie pedirá perdón, nadie rectificará, todo seguirá igual. Y así funcionan las cloacas del Estado.

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Las educadoras infantiles llevan semanas en huelga y los gobiernos siguen mirando hacia otro lado

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Las educadoras infantiles han dicho basta. Tras años soportando salarios de miseria, ratios imposibles y un abandono institucional vergonzoso, miles de trabajadoras del ciclo de 0 a 3 años continúan en huelga indefinida mientras los gobiernos autonómicos y estatal siguen sin ofrecer soluciones reales. Quienes sostienen una de las etapas más importantes en el desarrollo de nuestros hijos e hijas están siendo tratadas como mano de obra barata, invisibilizada y precarizada. Y lo más indignante es que sus reivindicaciones no son excesivas ni radicales: piden condiciones dignas para poder educar, cuidar y atender a la infancia como merece.

Mientras que los gobiernos autonómicos y estatal se llenan la boca hablando de conciliación, natalidad y “apoyo a las familias”, miles de educadoras infantiles continúan en huelga indefinida denunciando unas condiciones laborales que rozan la explotación. Y lo más grave es que sus reivindicaciones no son ningún privilegio: son demandas básicas para garantizar una educación digna y segura para nuestros hijos e hijas.

Las trabajadoras del ciclo de 0 a 3 años llevan meses denunciando salarios miserables, ratios inasumibles y una absoluta falta de reconocimiento profesional. En muchos centros, especialmente en aquellos gestionados de forma privada o externalizada, las educadoras apenas cobran poco más que el Salario Mínimo Interprofesional. Algunas reconocen públicamente que necesitan un segundo empleo o depender económicamente de sus parejas para sobrevivir.

Y aun así, sobre sus espaldas recae una de las tareas más importantes de cualquier sociedad: el cuidado, la atención y la educación en la primera infancia.

Porque no, las escuelas infantiles no son “guarderías”. Son espacios educativos fundamentales para el desarrollo emocional, cognitivo y social de niños y niñas. Sin embargo, las administraciones continúan tratándolas como un servicio secundario y barato, sostenido casi exclusivamente por mujeres precarizadas. El 97% del sector son mujeres.

Las cifras son escandalosas. Las educadoras denuncian que una sola trabajadora puede llegar a atender a 8 bebés, 14 niños de entre 1 y 2 años o hasta 20 criaturas de 2 a 3 años. Ratios completamente incompatibles con una atención educativa y afectiva de calidad.

¿De verdad alguien cree que una sola persona puede atender adecuadamente a 20 niños pequeños? ¿Qué pasa cuando uno llora, otro necesita cambiarse, otro se cae y otro tiene necesidades especiales? Esto no es educación digna. Es supervivencia diaria.

Las profesionales reclaman algo tan lógico como reducir ratios, aumentar plantillas, reconocer pedagógicamente la etapa 0-3 y mejorar salarios. También piden más recursos para atender a menores con necesidades educativas especiales y acabar con las enormes desigualdades entre centros públicos, privatizados y externalizados.

Pero frente a estas demandas, la respuesta institucional está siendo el silencio o directamente la represión administrativa mediante servicios mínimos abusivos que dificultan el derecho a huelga.

Es especialmente sangrante ver cómo gobiernos que presumen de feminismo permiten que un sector altamente feminizado siga atrapado en la precariedad estructural. Mucho discurso institucional el 8M, pero cuando miles de mujeres trabajadoras salen a la calle exigiendo derechos básicos, desaparecen las cámaras, desaparecen los ministros y desaparecen las consejerías.

La realidad es que la educación infantil de 0 a 3 años nunca ha sido una prioridad política real. Durante años se ha utilizado como herramienta propagandística para anunciar gratuidades o cheques infantiles mientras se mantenía un modelo sostenido sobre bajos salarios, externalizaciones y plantillas agotadas.

Y mientras tanto, las familias también sufren las consecuencias. Porque precarizar a las educadoras infantiles es precarizar la educación de la infancia. No puede haber calidad educativa cuando quienes sostienen el sistema están exhaustas, mal pagadas y completamente abandonadas por las administraciones.

Lo que está ocurriendo con esta huelga retrata perfectamente las prioridades políticas actuales: millones para contratos privatizados, macroproyectos o propaganda institucional, pero ni voluntad ni recursos para dignificar uno de los pilares más importantes del sistema educativo.

Las educadoras infantiles no están pidiendo privilegios. Están pidiendo dignidad. Y cualquier gobierno que ignore estas reivindicaciones está demostrando que considera la educación infantil un gasto y no una inversión social imprescindible.

Porque cuidar y educar a la infancia debería ser una prioridad de país. Pero hoy, en España, parece importar más el titular político que el futuro de nuestros niños y niñas.

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El partido de los 254 puntos

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Lo que hemos vivido durante la mañana del Día de la Madre ha sido historia de la ACB. Real Madrid y UCAM Murcia han jugado uno de los mejores partidos de la historia de esta competición, un partido lleno de récords.

Para empezar, es la anotación conjunta más alta de la historia desde que hay playoffs. Pero es que esto no se queda aquí: UCAM Murcia ha conseguido su anotación más alta de la historia con esos 123 puntos, 123 puntos que también es la anotación más alta que el Real Madrid ha recibido jamás en su cancha. Y no solo eso: también ha conseguido anotar 63 puntos al descanso. Nunca antes el Real Madrid en su cancha había encajado tantos puntos en una primera mitad. Y, aun con todos estos récords, no ha conseguido ganar el partido.

Y, obviamente, para el final dejamos al gran protagonista del partido: Mario Hezonja.

El croata, que cuando juega a este nivel es imparable, ha conseguido 53 de valoración, la más alta de este siglo y la quinta más alta de la historia del Real Madrid; las cuatro marcas anteriores están en manos de un tal Arvydas Sabonis. 53 de valoración, anotando 40 puntos, igualando la anotación más alta de este siglo para el Real Madrid, que está en manos de Dzanan Musa, aunque con una clara diferencia: Supermario lo ha conseguido con solo 29:40 minutos en la cancha, algo que también es un récord, puesto que nadie jamás había conseguido 53 de valoración en menos de 30 minutos.

Los que hemos visto el partido no lo olvidaremos jamás: una oda al baloncesto, el partido de los récords, el partido de los 254 puntos.

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El migrante que jugó a ser periodista.

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Hoy hemos visto un nuevo episodio más en la telenovela en la que se ha convertido Vito Zoppellari Quiles, el migrante que se avergüenza de sus raíces.

Zopellari es un niño pijo que quiso convertirse en una especie de superhéroe con micro que se atrevía a preguntar lo que ningún otro periodista se atrevía. Pero más que un superhéroe, se ha acabado convirtiendo en un villano que pronto acabará entre rejas.

El migrante de Zopellari acumula diversos procedimientos judiciales, entre ellos una querella por revelación de secretos, 2 años de prisión por un delito contra la dignidad y la integridad de una mujer con discapacidad intelectual, 9 años de prisión por tres delitos continuados de calumnias con agravante de odio ideológico e injurias, a las que se suma la de hoy: la denuncia, por parte de Begoña Gómez, por agresión.

Las imágenes que llevamos viendo de este migrante desde hace años son lamentables: acoso, difamaciones, agresiones, todo pagado con dinero público por parte del Partido Popular.

Porque hay que decirlo, lo que hace Zoppellari no es periodismo, y no lo decimos porque Vito no tenga la carrera de periodismo, que no la tiene, sino porque acosar, agredir o difamar es todo lo contrario a ser periodista.

A Vito no lo hemos visto nunca preguntarle a Mazón por aquel día maldito de la DANA, donde él estaba en El Ventorro mientras los valencianos y las valencianas se ahogaban. Tampoco lo hemos visto nunca preguntar a Ayuso por las 7.291 personas que dejó morir en las residencias. No hemos visto a Zoppellari preguntarle a Abascal por las purgas que está llevando a cabo en su partido.

A Vito no lo hemos visto nunca preguntarle a Mazón por aquel día maldito de la DANA, donde él estaba en El Ventorro mientras los valencianos y las valencianas se ahogaban. Tampoco lo hemos visto nunca preguntar a Ayuso por las 7.291 personas que dejó morir en las residencias. No hemos visto a Zoppellari preguntarle a Abascal por las purgas que está llevando a cabo en su partido.

Zoppellari no es periodista, aunque él lo repita tanto para intentar autoconvencerse, que, por cierto, no se nos olvide que este ultra sigue teniendo acreditación en el Congreso, con una presidenta como Francina Armengol, del Partido Socialista Obrero Español.

Vito Zopellari Quiles, el migrante que jugó a ser Clark Kent y acabó convirtiéndose en Lex Luthor, y sí, como Lex, Vito acabará encerrado en la Prisión de Belle Reve o, bueno, Valdemoro, Estremera o Soto del Real; tampoco nos vamos a poner exquisitos.

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El odio disfrazado de “periodismo” también debe tener consecuencias

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Lo que estamos viendo no es un caso aislado ni un simple rifirrafe entre figuras públicas. La petición de 9 años de cárcel para Vito Zopellari Quiles por calumnias e injurias contra Rubén Sánchez pone sobre la mesa una realidad incómoda: en este país, demasiadas veces se ha permitido que el odio ideológico se disfrace de libertad de expresión.

Durante años, ciertos altavoces mediáticos han jugado a dinamitar reputaciones, lanzar acusaciones sin pruebas y convertir la mentira en estrategia política. No es periodismo. Es propaganda. Y lo peor: es propaganda que busca señalar, desgastar y deshumanizar a quien piensa diferente.

Porque aquí no estamos hablando de crítica. La crítica es legítima, necesaria y sana en democracia. Estamos hablando de campañas sistemáticas de difamación que, según la acusación, podrían constituir delitos continuados de calumnias e injurias con agravante de odio ideológico. Y eso, en cualquier democracia seria, tiene consecuencias.

Resulta curioso cómo quienes más gritan “censura” cuando se les cuestiona, son a menudo los mismos que no dudan en utilizar su altavoz para atacar sin límites. Confunden libertad de expresión con impunidad. Y no, no es lo mismo. La libertad de expresión protege opiniones, no mentiras deliberadas ni ataques al honor.

Lo que está en juego en este caso no es solo la reputación de Rubén Sánchez, sino la salud democrática de nuestro espacio público. Si permitimos que cualquiera pueda difamar con total impunidad bajo la etiqueta de “periodista”, lo que estamos haciendo es degradar el debate público hasta convertirlo en un lodazal.

La petición de inhabilitación profesional no es menor. Lanza un mensaje claro: el periodismo no puede ser un refugio para el odio ni una coartada para delinquir. Informar exige responsabilidad, rigor y límites. Y quien los cruza, debe responder.

A algunos les parecerá excesiva la pena solicitada. Pero quizá lo verdaderamente excesivo ha sido normalizar durante demasiado tiempo la mentira como herramienta política. Quizá lo que incomoda no es la posible condena, sino el precedente que puede sentar: que difamar tiene un precio.

Y ya iba siendo hora.

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Kitchen: las declaraciones de Bárcenas señalan a Rajoy y reabren la gran pregunta —¿Quién protege a quién?

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El juicio del caso Kitchen ha entrado en una fase decisiva tras la declaración del extesorero del Partido Popular, Luis Bárcenas. Su testimonio no solo ha reactivado uno de los mayores escándalos de corrupción política en España, sino que ha vuelto a poner el foco sobre la responsabilidad directa de la cúpula del PP durante el gobierno de Mariano Rajoy.

Bárcenas apunta directamente a la cúpula del PP

En su declaración ante la Audiencia Nacional, Bárcenas fue contundente: la operación Kitchen —una trama parapolicial para espiarle y sustraerle documentación comprometedora— “empieza en el partido”, es decir, en el propio PP.

El juicio del caso Kitchen ha entrado en una fase decisiva tras la declaración del extesorero del Partido Popular, Luis Bárcenas. Su testimonio no solo ha reactivado uno de los mayores escándalos de corrupción política en España, sino que ha vuelto a poner el foco sobre la responsabilidad directa de la cúpula del PP durante el gobierno de Mariano Rajoy.

Bárcenas apunta directamente a la cúpula del PP

En su declaración ante la Audiencia Nacional, Bárcenas fue contundente: la operación Kitchen —una trama parapolicial para espiarle y sustraerle documentación comprometedora— “empieza en el partido”, es decir, en el propio PP.

Según el extesorero, el objetivo era claro: impedir que pruebas sobre la financiación irregular del partido (la conocida “caja B”) llegaran a la justicia.

Más aún, Bárcenas asegura que existían grabaciones extremadamente comprometedoras, incluyendo conversaciones con Mariano Rajoy sobre esa contabilidad paralela, e incluso material que implicaría directamente al expresidente en la destrucción de pruebas.

Estas afirmaciones no son menores: colocan a Rajoy no como un actor ajeno, sino como alguien con interés directo en el éxito de la operación.

Una operación ilegal desde el Estado

Los hechos investigados son de enorme gravedad democrática. La operación Kitchen habría sido un dispositivo organizado desde el Ministerio del Interior entre 2013 y 2014 para robar pruebas a Bárcenas mediante el uso de fondos reservados y un confidente infiltrado —su propio chófer—.

Es decir: recursos públicos, policía y estructuras del Estado al servicio de un partido político para tapar su corrupción.

No se trataba de investigar delitos, sino de hacerlos desaparecer.

¿Por qué Rajoy no está imputado?

Mariano Rajoy By PP Comunidad de Madrid – https://www.flickr.com/photos/ppmadrid/25418848438/, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=66467668

Aquí aparece una de las grandes contradicciones del caso. A pesar de los señalamientos de Bárcenas, Mariano Rajoy no está imputado en la causa.

La explicación es jurídica, pero también política. Por un lado, los tribunales han considerado que no existen pruebas directas suficientes que vinculen a Rajoy con la orden o ejecución de la operación. Por otro, el propio proceso se ha centrado en los responsables operativos: policías, mandos de Interior y cargos intermedios.

Además, la declaración de Bárcenas, aunque relevante, no basta por sí sola como prueba incriminatoria sin corroboración material. Esto limita el alcance judicial de sus acusaciones, aunque políticamente resulten devastadoras.

Sin embargo, esta situación deja una pregunta incómoda:
¿cómo es posible que una operación de este calibre se lleve a cabo sin conocimiento del máximo responsable político?

El caso de Cospedal: de imputada a fuera del foco

Cospedal By Partido Popular de Melilla – https://www.flickr.com/photos/ppmelilla/32789343751/, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=65306951

Más llamativo aún es el caso de María Dolores de Cospedal. Exsecretaria general del PP, sí fue imputada durante la investigación por su presunta implicación en la trama, a raíz de mensajes y audios con el comisario Villarejo.

Sin embargo, terminó quedando fuera del procedimiento judicial principal.

Esto refuerza la sensación de que la causa se ha ido estrechando hacia niveles intermedios, dejando fuera a los máximos responsables políticos pese a los indicios y grabaciones que los sitúan en el centro de la trama.

Más llamativo aún es el caso de María Dolores de Cospedal. Exsecretaria general del PP, sí fue imputada durante la investigación por su presunta implicación en la trama, a raíz de mensajes y audios con el comisario Villarejo.

Sin embargo, terminó quedando fuera del procedimiento judicial principal.

Esto refuerza la sensación de que la causa se ha ido estrechando hacia niveles intermedios, dejando fuera a los máximos responsables políticos pese a los indicios y grabaciones que los sitúan en el centro de la trama.

Más llamativo aún es el caso de María Dolores de Cospedal. Exsecretaria general del PP, sí fue imputada durante la investigación por su presunta implicación en la trama, a raíz de mensajes y audios con el comisario Villarejo.

Sin embargo, terminó quedando fuera del procedimiento judicial principal.

Esto refuerza la sensación de que la causa se ha ido estrechando hacia niveles intermedios, dejando fuera a los máximos responsables políticos pese a los indicios y grabaciones que los sitúan en el centro de la trama.

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